Pionero de la educación moderna en Uruguay
Un día como hoy pero de 1845 nacía José Pedro Varela Berro, periodista, escritor y político uruguayo (algunos sostienen que también el primer sociólogo de su país) que fue uno de los creadores de las bases de la educación pública en Uruguay, la dotó de un impulso que le permitió superar vicisitudes, crisis y retrocesos, generó elementos prácticos para que se consolidara la reforma universitaria, fue un defensor del laicismo y de la separación de la religión y el Estado y uno de los promotores de las bases culturales para que la democracia política se desarrollara en la conciencia ciudadana.
Nació en una Montevideo sitiada por las fuerzas de Manuel Oribe cuyo asedio duró ocho años y medio. Hijo de Benita Gumersinda Berro Larrañaga y de Jacobo Dionisio Varela Sanxines. Cursó sus estudios en el antiguo Colegio de los padres escolapios donde tuvo como docente al pedagogo catalán Pedro Giralt que fue un referente en su visión docente. A los quince años comenzó a trabajar en el comercio de venta de maderas de su padre al mismo tiempo que despuntaba su inclinación por la poesía, las crónicas y los artículos literarios. Entre 1865 y 1866 publicó algunos de sus escritos en la “Revista literaria” y difundió las ideas del liberalismo racionalista desde el que enfrentó a la iglesia y su predominio en el ideario de la época.
Entre 1867 y 1868 realizó viajes a Europa, donde se entrevistó con el escritor francés Victor Hugo y a Estados Unidos, particularmente Nueva York, donde entabló amistad con el educador argentino Domingo Faustino Sarmiento y conoció de primera mano las estructuras de la educación pública de ese país. Viajaron juntos de vuelta al Rio de la Plata (Sarmiento iba a asumir la presidencia de la Nación) y consolidaron su amistad y sus visiones académicas.
Instalado nuevamente en Montevideo su actividad fue dinámica. Junto a Elbio Fernández, Eduardo Brito del Pino, Carlos Ambrosio Lerena, Carlos María Ramírez, Juan Carlos Blanco Fernández y otros 201 jóvenes fundaron la “Asociación de Amigos de la Educación Popular” cuyo objetivo público fue “consagrarse a la causa de la educación popular”. De sobrepique, fundaron una institución educativa laica modelo: la “Escuela y Liceo Elbio Fernández”, en honor al primer presidente de la Asociación que había fallecido unos días antes.
Al mismo tiempo fue colaborador del diario “El siglo” e ingresó como redactor en el diario “La Paz” (del cual fue director hasta 1873) donde comenzó a escribir notas periodísticas y artículos políticos. Ese año contrajo matrimonio con Adela Acevedo Vásquez con quien tuvo dos hijos. En esa época despuntó el vicio literario y publicó el poemario Ecos perdidos, Impresiones de viaje y El sacerdote y la mujer en sus relaciones con la familia.
Se aquerenció en las ideas de la corriente de pensamiento positivista sajona difundidas por el filósofo Herbert Spencer, entre otros, que se basaba en una visión evolucionista de la vida, el tránsito de una homogeneidad simple a una heterogeneidad compleja, en el empirismo y la observación científica como origen del conocimiento. Desde esa posición teórica elaboró su consecuencia social práctica y concluyó que la ilustración popular era la locomotora del progreso, que la educación era fundamental para el ejercicio de la ciudadanía y la consideraba un sinónimo de regularidad social, estabilidad y una herramienta para la necesaria paz política.
En 1874 publicó una obra de importancia liminar en su perspectiva: La educación del Pueblo, piedra angular de la futura reforma educativa uruguaya.
Hasta ese momento la educación era confesional, de acceso limitado, con currícula emanada centralmente de la metrópoli española, con estructura precaria y docentes poco capacitados. Varela proponía un cambio copernicano: educación laica, obligatoria y gratuita, de acceso universal, que enfatizara la formación integral del educando y de los docentes. Que no solo se tratara de adquirir conocimientos académicos sino también que se hiciera hincapié en la formación moral y cívica y en la necesidad de ser partícipes de la vida democrática.
En 1876 completa su obra con la publicación de La legislación escolar en la que traduce sus ideas reformistas en un proyecto legal. Propone consolidar las características de un sistema universal y unificado, la preminencia de la Comisiones de Distrito para facilitar la participación popular en la gestión escolar, sustituir la escuela tradicional de castigos y memorización por una pedagogía centrada en el desarrollo del pensamiento crítico y la formación ciudadana.
_ “Los que una vez se han encontrado juntos en los bancos de una Escuela, en la que eran iguales, a la que concurrían usando un mismo derecho, se acostumbran fácilmente a considerarse iguales, a no reconocer más diferencias que las que resultan de las aptitudes y las virtudes de cada uno: y así, la escuela gratuita es el más poderoso instrumento para la práctica de la igualdad democrática” _, afirmaba con claridad meridiana José Pedro Varela.
Ese año fue designado director de Instrucción Pública -cargo que desempeñó ad honorem hasta su muerte- por un adversario político: el presidente Lorenzo Latorre. A pesar de sus diferencias asumió la función y desarrolló una tarea inédita y prolífica.
Presentó un proyecto de ley que garantizada una educación gratuita en cabeza del Estado, obligatoria para todos los niños y niñas de 5 a 15 años, sin discriminación de género, raza o condición social, laica y que propendiera a la formación integral ciudadana. Además, incorporó en su articulado la constitución de los institutos reguladores y la inscripción de las asignaturas a dictarse. El proyecto fue aprobado el 24 de agosto de 1877 mediante el Decreto-ley de Educación Común. Tuvo algunos obstáculos como que la laicidad no fue parte de la redacción debido a la tremenda oposición eclesiástica (hecho que se resolvió parcialmente años después) y que la descentralización tuvo efectos más limitados. No obstante, Varela sopesó la situación y decidió avanzar confiando en la dinámica popular futura. La realidad le dio la razón: con el tiempo sus propuestas originales se fueron plasmando en la realidad.
En la primavera de 1879 una neumonía junto a un gran desgaste físico y mental que derivaba de su intensa actividad le ganaron la batalla a su cuerpo. Tenía solo 34 años y había iniciado una transformación educativa inmensa que sigue siendo un valor distintivo del Uruguay.
Salú José Pedro Varela! Un hombre de su tiempo que mejoró la vida de miles de comunes, un educador americano que dejó un legado perenne en nuestro castigado continente.
Ruben Ruiz
Secretario General



























