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Efemérides 03 de Abril – Marlon Brando

Marlon Brando
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El carismático renegado que revolucionó la actuación en Hollywood

Un día como hoy pero de 1924 nacía Marlon Brando Jr., actor, director, editor y activista social, creador de un estilo interpretativo único que marcaría un punto de inflexión en la industria cinematográfica y sería continuado por otros grandes como James Dean, Paul Newman, Robert de Niro, Al Pacino, Johnny Deep, entre otros.
Nació en Omaha, estado de Nebraska. Su padre Marlon Brandeau, de ascendencia francesa (americanizó su apellido) era vendedor de productos químicos y productor de cine. Su madre, Dorothy Pennebaker una actriz menor que trabajaba en teatros locales. Ambos eran alcohólicos y, a su manera, abusivos en un ambiente familiar en permanente tensión. Ella fue su primera musa: le enseñó el don de observación y la imitación de gestos.
Su infancia fue problemática. En sus memorias confesó haber sido abusado por una institutriz y haber sufrido la gélida relación con su padre. Su adolescencia también fue heavy. El trabajo de su padre implicó diversas mudanzas (California, Minnesota) hasta que en 1937 se instalaron en Illinois. La expulsión de los colegios, un clásico. De una academia militar también: por insubordinación. Fue albañil y conductor de excavadoras aunque expresó su inclinación por la actuación. Su padre se opuso hasta que le propuso ayudarlo con su aprendizaje actoral.
Se mudó a Nueva York. Allí ya estaban establecidas sus hermanas. Fue vendedor de bebidas, lavaplatos, mozo, cocinero, botones y ascensorista mientras buscaba su oportunidad para aprender actuación. Finalmente, ingresó en el Taller Dramático de la Nueva Escuela para la Investigación Social, antecedente del Actor’s Studio. Se formó con la directora Stella Alder quien aplicaba las técnicas de su viejo maestro ruso Konstantin Stanislavski.
En 1944 tuvo su primera actuación en Broadway. Un papel en la obra “I remember Mamma” con cierta repercusión. Luego continuó interpretando personajes en obras de Molière, Shakespeare, Jean Cocteau o Bernard Shaw. Ya se hablaba de él y sus actuaciones. En 1946 protagonizó junto a Karl Maldem la pieza teatral “Truckline Café” en la que descolló por la intensidad y verosimilitud de su actuación.
La crítica lo realzó y ese papel le permitió protagonizar meses después un éxito de magnitud: “Un tranvía llamado deseo”, cuya réplica en el cine detonó la fama de “Bud” Brando. Su papel del violento Stanley Kowalski revolucionó los sets de filmación. Un obrero de ascendencia polaca, agresivo, desconfiado, posesivo; primitivo y encantador munido de un nuevo realismo que comenzaba a aparecer en esa época dura del siglo XX. Además, se convirtió en un símbolo sexual y un seductor cuya figura se impuso junto a su modo de transmitir. Nacía el mito.
En 1950 había debutado con “Hombres”, en el papel de un teniente herido en batalla con secuelas graves para su movilidad que debía reinsertarse en la sociedad en su silla de ruedas. La guerra, sus terribles consecuencias y los vaivenes anímicos y morales de sus víctimas. Al año siguiente desfiló en ¡Viva Zapata! con su consagratoria interpretación del líder campesino y revolucionario mexicano. De sobrepique, otra actuación descollante como Marco Antonio en “Julio César” basada en la obra de William Shakespeare y un papel a su medida en “Salvaje”: motoquero subido a su Triumph Thunderbird, campera de cuero, anteojos oscuros, gorra ladeada con visera, violencia intertribu urbana, sentimientos acallados, silencios cómplices.
Una vuelta de tuerca actoral lo llevó a su primer Oscar. Fue en “Nido de ratas” interpretando a Terry Malloy, un exboxeador guardaespaldas del capo mafioso de los muelles neoyorquinos que maneja el destino laboral de los estibadores. Luego de ser testigo indirecto del asesinato de un trabajador y de su acercamiento sentimental a la hermana de la víctima transita un cambio moral profundo y enfrenta a sus antiguos patrones. Ocho primeros premios en fila…
Luego personificó a un frío y genial Napoleón en “Desirée”; transitó la comedia musical romántica en “Ellos y ellas”; la sátira en el papel del japonés Sakini en “La casa de té de la luna de agosto” y su contrapartida en “Sayonara” en el papel de un oficial norteamericano estacionado en suelo nipón durante la guerra de Corea que se enamora de una japonesa; un un capitán de la Wehrmacht alemana diferente a los representados en esa época posbélica en “Los jóvenes leones”; el drama en “Piel de serpiente” , junto a Ana Magnani, en la que interpretó a un guitarrista fugitivo que intenta una nueva vida pero cuyas características personales y el medio pueblerino lo arrastran a cruces sentimentales diversos y problemáticos Finas interpretaciones, primeros planos audaces, soledad penetrante, emociones profundas.
La década del ’60 fue una meseta artística donde se destacaron “Motín a bordo” y “Morituri” hasta que llegó la hora de una película instructiva e inolvidable: “Queimada”. Interpretó al perverso y hábil Sir William Walker durante la rebelión de los esclavos de una plantación de caña de azúcar que se extiende a toda una isla. Historia que remeda a la primera rebelión negra en los dominios españoles y que muestra con tremenda veracidad los padecimientos de la población esclava, sus ansias de libertad, los límites de una acción popular si no supera con antelación las divergencias internas y las estrategias oscuras del colonialismo. Clase magistral.
En 1972 la pantalla grande eclosionó con “El Padrino”. Brando en el inolvidable papel de Don Vito Corleone, jefe mafioso de una de las cinco familias que comandaban la Cosa Nostra en la ciudad de Nueva York. “Capo” despiadado, patriarcal, conocedor del paño, astuto, cultor de los códigos, criminal y a su vez benefactor del entorno, de talante tranquilo y voz amenazante o dulce pero inconfundible, veterano de apariencia imponente. Oscar sin discusión alguna que rechazó en un acto de desagravio a la situación que vivían los pueblos originarios de Norteamérica, la representación injusta que la industria cinematográfica hacía de esos pueblos y el conflicto que se desarrollaba en Wounded Knee, donde miembros del Movimiento Indio Americano ocupaban una ciudad en protesta por el trato recibido por el gobierno yanqui. Su mensaje de protesta fue leído por Sacheen Littlefeather, una joven activista y actriz, presidenta del National Native American Affirmative Image Committee, con voz firme y atuendos típicos.
Ese año también se estrenó una película exitosa con polémica posterior: “El último tango en Paris”, de Bernardo Bertolucci y música del “Gato” Barbieri. Una película espesa, de soledades y excesos que contuvo una controvertida escena sexual y que determinó una denuncia posterior por parte de la actriz. No se pudo comprobar que hubo una violación pero sí abuso dado que se consumó una acción inconsulta (solo el director y el protagonista lo sabían) y sin su consentimiento porque fue pergeñada en secreto y a sus espaldas. Un episodio difuso que fue ninguneado por la justicia y la prensa y tuvo consecuencias ulteriores en la vida de la actriz.
En 1979 sacudió otra vez la pantalla con “Apocalipsis Now”. Interpretó a un coronel Kurtz prendado del horror de la guerra en Vietnam y de su crítica a la hipocresía e ineficacia de sus superiores. Mesiánico, enloquecido, fugitivo de su ejército y escondido en la inaccesible selva camboyana, con momentos de profundidad filosófica. Un villano que muestra el lado B de algunos humanos en momentos de extrema tensión. Una actuación notable y corrosiva.
Cultor de la intensidad y el realismo actoral, impulsor del involucramiento psicológico del actor/actriz con la interpretación, riguroso en el trabajo, divisor de aguas con la actuación melodramática que imperaba en la época. Rebelde, bisexual declarado, activista jugado en algunas causas “perdedoras” que sostuvo con firmeza, brillante, problemático, excéntrico.
Se casó tres veces, tuvo once hijos, se compró una isla en la Polinesia, sufrió el suicidio de su hija Cheyenne y la prisión de su primer hijo. Existen indicios de que al final de su vida se volvió un ermitaño, vendió sus pertenencias, vivió de su seguro social y murió casi en la indigencia.
En el verano del 2004 una fibrosis pulmonar derrotó a esa intensidad todoterreno que lo regía.
Salú Marlon Brando! Un integrante duro de nuestra popular imaginaria…

Ruben Ruiz
Secretario General 


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