Maestro de maestros, trabajador incansable de las tablas, inconfundible voz argenta
Un día como hoy pero de 1930 nacía Alfredo Félix Alcón, actor y director teatral argentino considerado por muchos críticos como el mejor actor de nuestras tierras, que brilló en el teatro, el cine y la televisión gracias a su talento y versatilidad y que no le rehuyó al compromiso público cuando las tragedias asolaron a la Argentina (fue uno de los primeros actores que acompañó a las Madres de Plaza de Mayo, participó de las marchas para exigir justicia por la muerte del reportero gráfico y fotógrafo José Luis Cabezas y acompañó a varios colegas durante el exilio forzoso que impuso el accionar de la Triple A y la dictadura genocida.
Nació en Ciudadela, provincia de Buenos Aires. Hijo único de una pareja de inmigrantes españoles formada por Elisa Riesco y Félix Alcón. Una pobreza “normal”, tal como él mismo la definía, lo acompañó durante su infancia y adolescencia. Cuando Alfredo tenía tres años falleció su padre. Se mudó con su madre al barrio porteño de Liniers, en el pasaje El Carpintero. Su progenitora trabajaba en una fábrica de medias y él quedaba al cuidado de sus abuelos. Su padrino tenía una profusa biblioteca y esa cercanía le permitió leer a Shakespeare y Nietzsche Comenzó el secundario en el colegio industrial “Cardenal Cisneros” pero su pasión lúdica pudo más, abandonó sus estudios y se inscribió en el Conservatorio de Arte Dramático.
Descubrió la fascinación que produce el cine con sus abuelos y quedó prendado con el teatro luego de ver la actuación de la bailaora de flamenco gitana Carmen Amaya. Sanguínea, mágica. En el Conservatorio tuvo como profesor a Cunill Cabanellas quien le inculcó la importancia de una preparación sistemática y consciente y de quien aprendió la existencia de esa energía que genera la palabra o el pensamiento del poeta o del autor y que produce un movimiento interior que después se refleja en el cuerpo e impacta, ineludiblemente, en la actuación.
Por su voz potente y clara consiguió trabajo en una radio donde leía los informes del Mercado de Hacienda. Luego ingresó a Radio del Estado para trabajar en el programa radial “Las dos carátulas” (uno de los más longevos del mundo y de mayor duración ininterrumpida en castellano) donde lo acompañaron obras costumbristas, novelesca criolla, sátiras, tragedias. En 1954 ingresó a la compañía de radioteatros de Julia de Alba para interpretar papeles de galán.
Al año siguiente debutó en cine con la película El amor nunca muere junto a Mirtha Legrand, Tita Merello y Duilio Marzío. Reincidió con Mirtha Legrand en una pícara soñadora y con Tita Merello en La morocha. En 1959 se sumergió en el drama con Zafra junto a Graciela Borges y El candidato sobre guion de David Viñas. En 1960 interpretó uno de sus grandes éxitos: Un guapo del 900 sobre un matón de un político conservador de la época, con dirección de Leopoldo Torre Nilsson y co-guionismo del escritor Samuel Eichelbaum.
En 1961 debutó en la televisión en Noches de teatro con la obra “Judith” dirigida por David Stivel y al año siguiente con “Romeo y Julieta” junto a Norma Aleandro y dirección de María Herminia Avellaneda. Luego, paralizó a la teleplatea de Canal 13 con su versión de “Hamlet” junto a Eva Dongé, Ernesto Bianco, Bárbara Mugica y Juan Carlos Gené. Fue un cimbronazo de 113 minutos con récord de audiencia. En 1963 debutó en el Teatro General San Martín con Yerma, de Federico García Lorca, dirigida por Margarita Xirgu. A partir de esa actuación fue local y goleador en las temporadas de ese teatro y se destacó en “Israfel”, de Abelardo Castillo y dirección de Inda Ledesma; la trilogía de Arthur Miller: “Panorama desde el puente”, “Las brujas de Salem” y “Muerte de un viajante” o “Romance de lobos”, de Ramón del Valle-Inclán.
Su figura crecía. Su técnica se depuraba. Su presencia se expandía en el teatro, el cine y la TV.
En 1968 fue el actor principal en el film arquetípico Martín Fierro junto a Lautaro Murúa, Fernando Vegal, Graciela Borges, María Aurelia Bisutti, Sergio Renán y Walter Vidarte. Dos años después apareció en la pantalla grande con otros dos filmes épicos: “El santo de la espada”, sobre la vida del general José de San Martín, junto a Evangelina Salazar, Lautaro Murúa, Héctor Alterio y Ana María Picchio y “Güemes, la tierra en armas”, con Norma Aleandro y José Slavin.
En un entretiempo de esta vorágine actoral hizo su primera incursión en la televisión de España donde protagonizó “El escándalo” y “Otelo”. De regreso a la Argentina, debutó en la escena teatral de Mar del Plata (Teatro Auditórium) con la obra “Las brujas de Salem” con Alicia Bruzzo, Leonor Manso y Milagros de la Vega. De sobrepique se sumergió en el mundo de la mejor literatura autóctona y filmó Los siete locos sobre novelas de Roberto Arlt, Boquitas pintadas sobre novelas de Manuel Puig y El Pibe Cabeza, con guion de Leopoldo Torre Nilson y Beatriz Guido, sobre vida, raid delictivo y muerte del gánster Rogelio Gordillo.
Las amenazas comenzaron para él en 1975. Lo afrontó con hidalguía. Del susto lógico (con visita a López Rega incluida) pasó a su trabajo como antídoto y al acompañamiento de los exiliados. Filmó la película que se mantiene como la segunda más vista de la historia del cine nacional (tres millones y medio de espectadores): Nazareno Cruz y el lobo, una historia mitológica de una digna lucha colectiva contra los designios y consecuencias trágicas; dirigida por Leonardo Favio y en yunta actoral con Juan José Camero. En 1977 filmó “Saverio, el cruel” junto a Graciela Borges. Una farsa dramática escrita cuarenta años antes por Roberto Arlt, “El agujero en la pared”, una mixtura de la leyenda del Fausto con la realidad política de esa época y el drama “Pubis angelical” con Graciela Borges, Pepe Soriano y China Zorrilla.
Pasada la dictadura alternó algunas temporadas teatrales en España donde brilló con : “Rey Lear”, de Shakespeare; “Eduardo II”, de Marlowe; “Don Álvaro o la fuerza del sino”, de Duque de Rivas; “A Electra le sienta bien el luto”, de Eugene O’Neill, “Kean”, de Jean Paul Sartre o “El público”, de Federico García Lorca que también fue presentada en Radio y Televisión Española.
Su retorno a la Argentina se corporizó en el Teatro General San Martín con: “Escenas de la vida conyugal”, de Ingmar Bergman; “Los caminos de Federico” (que también actuó en Tucumán y Bolivia); “La tempestad” y “Ricardo III” de Shakespeare; “Edipo”, de Sófocles; “Los reyes de la risa”, de Neil Simon o “Filosofía de Vida”, del mexicano Juan Villorio, entre otras.
Al mismo tiempo, incursionó en la televisión argentina con una serie demoledora: “Por el nombre de Dios” que significó un nuevo modo de utilizar los efectos especiales en nuestra pantalla chica. Alta calidad visual, audacia técnica y actuaciones de gran nivel. A principios del siglo XXI estuvo aquerenciado en el Canal 13. Actuó en Vulnerables (por la cual ganó un Martín Fierro al mejor actor de unitario) junto a Jorge Marrale, Inés Estevez, Alfredo Casero, Leonor Manso, Cristina Banegas, Carlos Portaluppi y Rodrigo de la Serna, entre otros/as. Y tuvo participaciones especiales en las series “Herederos de una venganza” y “Locas de amor”.
Tampoco le escapó a la discografía. Grabó junto a Mercedes Sosa y Charly García el tema “Los sobrevivientes” del álbum Alta fidelidad y puso su inconfundible voz al Martín Fierro, a Poesía argentina de todos los tiempos junto a Inda Ledesma y Luis Medina Castro; García Lorca, poemas y canciones; El principito junto a Norma Aleandro y Pedro y el lobo.
Su final fue a todo teatro. Dirigió “El gran regreso” del francés Serge Kribus en el Paseo la Plaza y “Final de partida” del irlandés Samuel Beckett en el espacio teatral “Andamio 90” y, como colofón, en el teatro de casi toda su vida de actor.
Sensible, de fino y abundante humor, humilde, reconocido hincha de Velez Sarsfield, trajinador de la poesía en los teatros, en las calles y entre la gente (como merecen los poemas), metódico, incansable, luminoso, intérprete de la mejor literatura, todoterreno de la cultura.
Un integrante culto y pasional de nuestra popular imaginaria.
Salú Alfredo Alcón!
Ruben Ruiz
Secretario General



























