La olvidada científica que predijo las claves del efecto invernadero
Un día como hoy pero de 1819 nacía Eunice Newton Foote, física, climatóloga, inventora y defensora de los derechos de las mujeres estadounidense que fue la primera persona que propuso que la concentración de CO2 en la atmósfera podía provocar un aumento significativo de la temperatura de la Tierra aunque el crédito público se lo llevara el físico irlandés John Tyndall quien perfeccionó los experimentos de la científica norteamericana años después.
Nació en 1819 en Goshen, estado de Connecticut, creció en Bloomfield, estado de Nueva York. Hija de la pareja formada por Thirza Newton y de Isaac Newton Jr., agricultor, que tuvieron otras seis hijas y cinco hijos. Se educó en el Seminario Femenino de Troy donde se enseñaba la teoría científica impartida por Amos Eaton (conocida como prospección científica moderna en educación) y desde donde podían acceder a las clases de una facultad de ciencias cercana que posteriormente se convertiría en el Instituto Politécnico Rensselaer.
Allí aprendió los fundamentos básicos de química y biología y fue notablemente influenciada por los libros de texto de la botánica y divulgadora científica Almira Hart Lincoln Phelps que determinaron su acercamiento a la ciencia y la experimentación continua.
No alcanzó un título universitario porque en esa época el ingreso de las casas de altos estudios estaba vedado a las mujeres. Tampoco podían presentar trabajos o informes en las reuniones de la academia ni en los congresos científicos. No obstante, su formación y pasión la impulsaron a publicar los dos primeros estudios de física firmados por una mujer en los Estados Unidos.
En 1841 se casó con el abogado y matemático Elisha Foote con quien tuvo dos hijas. Meses después se mudaron a Seneca Falls, en el estado de Nueva York. Allí, comenzó a participar de las manifestaciones por los derechos de las mujeres y contra la esclavitud. Los antecedentes de estas luchas habían sido la creación de la Sociedad Reformista Femenina Neoyorquina que luchaba contra la prostitución; la lucha por la reforma del trato a los presos en las prisiones dirigida por Dorothea Dix, el Primer Congreso Antiesclavista Femenino y el papel de las mujeres en la creación de diversas instituciones educativas.
En 1848 participó de «la convención para discutir la condición y los derechos sociales, civiles y religiosos de las mujeres” realizada en Seneca Falls. Su corolario: la “Declaración de sentimientos”, editada por Eunice Newton Foote, aprobada y firmada por 68 mujeres y 32 hombres. Fue la primera convención sobre los derechos de la mujer en EE UU.
Al mismo tiempo, su pasión por la observación y la experimentación crecía y su centro de operaciones era su propia casa.
En ese contexto, Eunice Newton Foote realizó un nuevo experimento: usó dos cilindros de vidrio de 76 cm. de largo y 10 cm. de diámetro. Colocó dos termómetros en cada cilindro y, mediante bomba de aire, retiró el aire de un cilindro y lo condensó en el otro. Los compensó a la misma temperatura y los expuso a la luz del sol. Midió la variación de temperatura una vez calentados y bajo varios estados de humedad. Repitió este proceso con hidrógeno, aire común y dióxido de carbono, también expuestos al sol. Observó que el aire enrarecido en un cilindro se calentaba menos que el aire a presión normal y en el aire húmedo sucedía lo opuesto, un calentamiento mayor. El CO2 (dióxido de carbono) había alcanzado una temperatura final de 125ºF. “El mayor efecto lo he encontrado en el gas ácido carbónico”, advirtió.
Había descubierto que el CO2 (dióxido de carbono) y el vapor de agua absorbían la mayor cantidad de calor y formuló la hipótesis de que las cantidades cambiantes de CO2 en la atmósfera alterarían el clima.
Lo que observó, describió y teorizó fueron las claves del calentamiento gradual de la atmósfera de la Tierra, lo que hoy llamamos el efecto invernadero.
El 23 de agosto de 1856 científicos e inventores de todo EE UU se reunieron en la Décima Reunión Anual de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS) realizada en Albany, Nueva York. No hubo grandes novedades salvo una excepción: un experimento en prosa titulado “Circumstances affecting the Heat of the Sun’s Rays” (Circunstancias que afectan el calor de los rayos del sol), firmado por Eunice Newton Foote. Como en esa época no se permitía que las mujeres presentaran informes a la AAAS, Joseph Henry, un profesor de la Smithsonian Institution, presentó el trabajo de investigación. Lamentablemente, ni el documento de Eunice ni la presentación de Henry se incluyeron en las actas de la conferencia.
Dos meses después la revista “Scientific American de Nueva York” publicó una breve columna titulada “Scientific Ladies. Experiments with Condensed Gases” y en noviembre la revista de la AAAS, “American Journal of Art and Science”, publicó un artículo de una página y media.
En 1857 Eunice Newton Foote publicó una nueva investigación en el campo de la física sobre la electricidad estática de los gases atmosféricos a distintas presiones y temperaturas, realizando una nueva contribución científica al comportamiento de los gases en la atmósfera.
También despuntó el vicio de los inventos.
Ese fue el caso de una estufa de cocina controlada termostáticamente que debió patentar a nombre de su marido porque “las mujeres casadas no podían defender las patentes ante los tribunales». En 1860 pudo patentar a su nombre una plantilla para zapatos y botas hecha de una sola pieza de caucho vulcanizado. En 1864 presentó una nueva máquina de fabricación de papel de tipo cilindro que, según informó el “Daily Evening Star”, permitía fabricar papel para envolver e imprimir de mejor calidad a menor costo. Ese dato fue corroborado por una empresa de Fitchburg, Massachusetts, que usó la maquinaria.
En el otoño de 1888 su trajinado viaje llegó a puerto y sus investigaciones sedimentaron en la soledad y el silencio de sus colegas hasta su postrera y justa reivindicación.
Su invisibilización y la memoria selectiva de los científicos fueron de tal magnitud que aún no existen fotos de ella. Recién es este siglo, varias investigadoras e historiadoras reivindicaron su nombre, su trayectoria y sus experimentos y fueron acomodando los hechos conocidos y ocultos en su verdadera dimensión.
Salú Eunice Newton Foote!
Ruben Ruiz
Secretario General



























