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Efemérides 18 de Junio – Máximo Gorki

Máximo Gorki
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El escritor de los vagabundos y los desheredados

Un día como hoy pero de 1936 se despedía Alekséi Maksímovich Peshkov, escritor y político ruso, maestro del realismo socialista, escriba esencial en su país e influyente en la literatura global, nominado cinco veces para el Premio Nobel de Literatura, activista revolucionario contra el zarismo, cercano a los bolcheviques, crítico de la Revolución de Octubre, próximo a Stalin y probablemente víctima del estalinismo. Uno de los pocos escritores rusos notables que dejó la huella de su pluma sobre el mundo variopinto de antes y después de la revolución.
Nació en 1868 en la ciudad de Nizhni Nóvgorod, situada en la confluencia de los ríos Volga y Iká. Hijo de Varvara Peshkova y de Maksim Sávvateievich Péshkov, ebanista, tapicero y administrador de una agencia naval. Pocos años después se mudó con su familia a Astraján, también a orillas del Volga cerca de su desembocadura en el Mar Caspio. Cuando tenía cuatro años falleció su padre y regresó con su madre a la casa de sus abuelos maternos en su ciudad natal. A los once años quedó totalmente huérfano. Fue criado por su abuela Akulina, sabia y amable y su abuelo Vasili, riguroso y brutal en el trato y el maltrato.
A los doce años abandonó la escuela y aprendió el oficio de panadero, luego fue empleado de una zapatería, trabajó de lavaplatos en la cocina de un barco y también cazador de pájaros. En esos años su gran refugio fue la literatura: Alejandro Dumas, Victor Hugo, Honoré de Balzac, Eugène Sue, Walter Scott, Aleksandr Pushkin, Nikolái Gógol, Iván Turguéniev, Fiódor Tiútchev.
Trabajó en varios periódicos provinciales bajo el seudónimo de Jehudiel Jlamida hasta que adoptó el de “Máximo (por un hermano que había muerto) Gorki” (amargo en ruso). En 1892 publicó en un diario de la ciudad de Tiflis (Georgia) el relato “Makar Chudrá”, una fábula sobre un amor imposible con una descripción magistral del ambiente: la estepa, su encuentro con el mar y la libertad de los caballos envueltos en la brisa. El trasfondo es la lucha por la dignidad humana, las ansias de libertad y el sometimiento de los sexos en clave romántica. Fue un éxito y su seudónimo comenzó a ser reconocido entre sus pares y entre la gente de a pie.
Continuó escribiendo sus sagas que daban cuenta de la incursión tardía del capitalismo en Rusia, las protestas de los perdedores ante esa consolidación salvaje de las nuevas relaciones sociales y la descripción minuciosas de los desheredados y sus vidas. Entre ellas, La vieja Izerguíl, Konovalov, Los ex hombres, La canción del halcón, Tomás Gordéieff y la original Chelkash, retrato de un ladrón amigo del alcohol y la juerga infinita que sobrevive realizando pequeños robos en un puerto y contrata a un joven campesino más necesitado de dinero que él como ayudante para manejar un barco. El encuentro de dos mundos irreconciliables pero reconocibles para muchos lectores fue otro éxito. Su fama creció y se instaló tanto en el espacio de la “intelligentsia” rusa como en el creciente número de trabajadores que buscaban en la lectura un horizonte distinto a su amarga vida cotidiana.
Unos años después su literatura viró hacia textos más comprometidos y con una visión política más definida. Los trabajos en sórdidos subsuelos, las ilusiones y frustraciones de los desheredados de toda índole, la decadencia social, los dilemas éticos, la codicia, el choque entre la Rusia rural y el ingreso a la modernidad, los indigentes, las prostitutas, los bandidos, los aventureros. De esa época son Los vagabundos, Los tres, Pequeños burgueses, Los bajos fondos, Los bárbaros, Los enemigos.
Fue la época en que se involucró en política. Opositor al zarismo fue encarcelado varias veces. Inició su amistad con Lenin y apoyó financieramente al Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia. Después del “domingo sangriento” (9 de enero de 1905) que dio inicio a la malograda Revolución del 1905, radicalizó su posición y se acercó al ala bolchevique. Fue una relación cercana pero inestable. En esas circunstancias fue nuevamente preso en la fortaleza de San Pedro y San Pablo (San Petersburgo) y liberado gracias a la presión internacional.
En 1906 fue enviado por los bolcheviques a recaudar fondos a EE UU. Un viaje que realizó junto a su amante, la actriz y política María Andréieva y le dejó sensaciones contradictorias: desprecio por el “alma burguesa” imperante y admiración por la audacia de sus habitantes.
Fue en esas tierras que escribió La madre, una de las grandes obras del realismo socialista que narra la conversión paulatina de Pelagia, una mujer martirizada por su marido fallecido al principio de la obra, que acompaña tibiamente la militancia política de su hijo y que abandona su actitud de espectadora y de apoyo cuando su hijo y sus compañeros son detenidos por los zaristas. Se involucra y participa activamente en la lucha política. Finalmente es detenida y golpeada, enfrenta con coraje a sus opresores. La obra concluye con un misterioso final abierto. Escrito épico en el que no se limitó a describir la miseria urbana. Fue un guiño a las ansias de emancipación de los comunes, un texto directo, sin costumbrismo, con diálogos dramáticos que se impusieron a la descripción de los escenarios, un grito contra el miedo y la represión, una incitación a sostener los anhelos de libertad y saciar la sed de justicia.
Su actividad pública tuvo como contrapartida su exilio. Recaló en Capri (Italia) y profundizó su obra en varios sentidos. Escribió Mi confesión, una obra de profunda exploración interna en la que su personaje tiene encuentros con campesinos, religiosos sectarios y todo tipo de marginados, comienza a cuestionar la ortodoxia religiosa y el misticismo tradicional y concluye que el verdadero Dios no es un ser inalcanzable sino cercano, fruto de la creación colectiva.
Luego, escribió obras más alejadas de la realidad inmediata: La ciudad Okurov, La vida de Matvei Kozhemiakin, Vassa Zheleznova, Cuentos de Italia y la oscura novela La vida de un hombre innecesario. Una amnistía le permitió retornar a Rusia. Fue mentor de varios escritores y publicó una trilogía autobiográfica excepcional: Infancia, Por el mundo y Universidades. También sostuvo varias discusiones con Lenin, confrontó con varios aspectos de la política cultural comunista y defendió a escritores represaliados o expulsados. Esa disconformidad, episodios de censura y una tuberculosis punzante lo llevaron a otro distanciamiento de Rusia. Esta vez en Salerno, en el sur italiano. En ese período escribió El negocio de los Artamonov, una extensa novela donde describe puntillosamente la Rusia presoviética en cabeza de una familia de siervos liberados que construyen un imperio textil, su transformación generacional y decadencia final en vísperas de la Revolución rusa.
El advenimiento y consolidación del fascismo e insistentes invitaciones de Stalin lo inclinaron a volver a la URSS. En esos años completó parcialmente otra obra monumental: La vida de Klim Samguín un fresco de los cambios sociales y políticos y acontecimientos relevantes ocurridos en Rusia entre 1880 y 1920. Una gran crónica donde desfilan zares, campesinos, empresarios, revolucionarios, liberales y se muestra la transformación del tejido social, se develan las tensiones sociales y se augura la transición hacia un inevitable cambio de régimen.
También se erigió en un defensor de muchos aspectos del estalinismo. Eso impactó en su producción literaria y potenció su contradicción cotidiana entre su ilusión revolucionaria y la realidad cercana. No obstante, publicó otra obra notable: Recuerdos de Tolstói, Chéjov y Andréiev, una obra que comunica su admiración por el primero, el ascendiente literario y moral que ejerció el segundo y la personalidad autodestructiva del tercero, su gran amigo.
En 1934 su hijo murió en un confuso episodio en el que participó Guenrij Yágoda, el entonces Ministro del Interior Soviético. En 1935 Gorki rechazó participar del primer Congreso Internacional de Escritores por problemas de salud. Existen indicios de que Stalin le encargó que escribiera un libro sobre él, pero el escritor se opuso reiteradamente. Las relaciones con el gobierno se tensaron. En los albores del verano de 1936 Gorki falleció de una enfermedad cardíaca, según la versión oficial. Todavía existen dudas de las causas de ese final abrupto.
Representante de una época turbulenta, atrapado entre la rebeldía nacida en la miseria y las adversidades vividas en carne propia y su complicada relación con los poderes de turno. Talentoso, sufrido, contradictorio, puente literario entre dos mundos, narrador brillante del dolor y la esperanza, actor en primera persona de hechos revolucionarios y decepciones inconmensurables.
Salú Máximo Gorki!

Ruben Ruiz
Secretario General 


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