Creación de Altos Hornos Zapla
Un día como hoy pero de 1943 se creó el Establecimiento «Altos Hornos Zapla» con su planta piloto, primer complejo minero-forestal siderúrgico integrado en la República Argentina, radicado en Palpalá (provincia de Jujuy). El acto jurídico-político que lo consolidó fue el Decreto Nacional Nº 141.462 y el combustible fue el impulso indetenible del general Manuel Savio.
Pero la siderurgia y la industria metalmecánica argentina tiene su historia…
Entre 1870 y 1890 se inició y consolidó el proceso de transformación de algunas herrerías en talleres metalúrgicos. Despuntó con la fabricación de alambres, clavos, bulones y tornillos. De sobrepique, apareció la demanda de grandes construcciones metálicas para ferrocarriles, naves a vapor, molinos harineros, máquinas agrícolas y frigoríficos y las herrerías se convirtieron en talleres de fundición, construcción y reparación de estructuras metálicas y/o máquinas de mediano y gran porte. El desarrollo económico operó sobre la especialización de la metalurgia y comenzó la elaboración de máquinas para molinos, fideerías, curtiembres, fábricas de aceite, prensas hidráulicas, motores, tuberías, ascensores, trilladoras, desgranadoras, herramientas, sierras de cinta para maderas, cajas de seguridad, calderas de vapor, cajas de seguridad, diversos modelos de cadenas, resortes y elásticos para los colchones de las camas.
Puntales de esa época fueron Fundición Casa Amarilla, Fundición, herrería y taller mecánico de Don Silvestre Zamboni, Taller de Herrería de Don Pedro Vasena, Taller de Rezzónico, Fábrica de bulones de José Ottonello y Luis A. Huergo (antecesores de Metalúrgica Tamet), Laminación de Hierro El Carmen (antecesora de La Cantábrica), Acero Platense. A principio del siglo XX se incorporaron Talleres Metalúrgicos Vulcano, SIAM, Taller de Cromo Hojalatería y los Establecimientos Klöckner.
También picaron en punta los conflictos obreros y sociales: la huelga de trabajadores de distintos astilleros en la provincia de Corrientes que se negaron a construir barcos destinados a las fuerzas de la Triple Alianza, la primera huelga del movimiento obrero organizado declarada por la Unión Tipográfica bonaerense, las huelgas de los trabajadores de la Compañía de Gas de Alumbrado, de empleados comercio, conductores de ferrocarril, oficiales albañiles, yeseros, carteros, panaderos, carreros, cigarreras; la primera huelga general de la historia argentina convocada en 1902 por la F.O.A (luego F.O.R.A), la huelga de inquilinos en Buenos Aires, Rosario, La Plata y Bahía Blanca, el grito de Alcorta organizado por la Federación Agraria, la huelga de los trabajadores de “La Forestal”, de los obreros rurales de la Patagonia Rebelde y de los trabajadores metalúrgicos de la fábrica Vasena que desencadenó la Semana Trágica.
En la década del ’30 se inició el proceso de sustitución de importaciones y se crearon organismos de regulación económica como las juntas nacionales, las comisiones reguladoras y asesoras y los consejos. En el Ejército nació una corriente industrialista, encabezada por Enrique Mosconi y Manuel Nicolás Savio, que impulsaba la independencia de los sectores estratégicos de la economía, la producción de bienes industriales básicos con intervención del Estado y “asumía la necesidad de generar una estrategia de movilización integral de los recursos propios para tiempos de guerra y de paz” (dixit Savio)
Se crearon Yacimientos Petrolíferos Fiscales, la Fábrica Militar de Aviones, la Fábrica Militar de Aceros y Lingotes Laminados y otras fábricas militares con objetivos específicos. Al mismo tiempo se fundó la Escuela Superior Técnica (su primer director fue el Tte. Cnel. Savio) con el objeto de preparar y disponer de recursos humanos militares calificados para llevar a cabo un programa de industrialización (especialmente en la industria pesada). En esa época, industriales como Torcuato Di Tella (SIAM) y Alberto Tornquist (TAMET) iniciaron contactos con el coronel Savio para enhebrar una estrategia industrialista conjunta.
En 1941 nacía la Dirección General de Fabricaciones Militares (DGFM), una de cuyas funciones era realizar exploraciones y explotaciones para obtener cobre, hierro, estaño, plomo, aluminio, manganeso, berilio y wolframio. La geología del suelo, la causalidad y la curiosidad jugaron a favor. En 1939 dos italianos, Antonio Capra (sastre) y Antonio Senes (mecánico) salieron a cazar en los bosques de Zapla y se toparon con un camino tapizado de pequeñas piedras rojizas. Intrigados, tomaron un puñado y la enviaron a Buenos Aires para que fueran estudiadas. Era hematita (ellos la llamaron zaplita) que contenía un 40% de hierro. Muy parecido al existente en Turingia, Alemania. Había hierro. Podía existir la siderurgia nacional.
En octubre de 1941 año se transfirió a la Dirección General de Fabricaciones Militares (DGFM) el estudio de probabilidades del yacimiento. Se confirmó la existencia de una veta ferrífera y se firmó un convenio de explotación entre la DGFM y el gobierno de Jujuy. A fines de 1942 la legislatura jujeña y el gobierno nacional aprobaron dicho convenio de explotación e industrialización del yacimiento de hierro y en enero de 1943 nacía Altos Hornos Zapla en Palpalá, bajo la órbita de la DGFM. La construcción de la planta piloto y la supervisión de la instalación del alto horno fue adjudicada a la empresa sueca Svenska Entreprenad A.B.
Altos Hornos Zapla constaba de una mina de mineral de hierro: “9 de octubre” a 27 kms de la planta (en 1954 se incorporó la mina “Centro Puesto Viejo” distante 60 kms, en el departamento El Carmen), una zona forestal de 18.000 ha de bosques con 30 millones de árboles eucaliptos para carbón de leña para reducción del mineral (donde se consolidó el pueblo Centro Forestal) y otras 60.000 ha de forestación en Formosa.
El 11 de octubre de 1945 se realizó la primera colada de arrabio en Argentina a cargo de dos ingenieros suecos, el general Manuel Nicolás Savio, el mayor Enrique Lutteral y decenas de trabajadores argentinos y bolivianos que utilizaron materiales y máquinas nacionales. En 1951 se puso en funcionamiento el segundo alto horno, construido íntegramente con dirección técnica, ejecución y materiales nacionales.
Entre 1952 y 1964, se completó el ciclo siderúrgico con cuatro altos hornos (capacidad diaria de 150 toneladas de producción cada uno), dos hornos eléctricos (10 toneladas de colada por año), una planta de laminación (producción de 120.000 toneladas anuales de hierro), una planta de escorias (usado como abono fosfatado), una planta de carbonización y destilación de subproductos químicos e instalaciones industriales y auxiliares para diversas plantas del establecimiento. Además, contaba con una usina termoeléctrica, planta de oxígeno, talleres de mantenimiento, planta de tratamiento del agua, laboratorio y taller de fundición. Todo del Estado argentino y realizado con inversión propia.
Fue una experiencia que no estuvo exenta de espionaje tecnológico e interceptación de planos por parte del gobierno estadounidense que trató de frenar las obras en varios momentos. La respuesta fue mayor impulso en AHZ y la creación de sociedades mixtas del Estado y empresas o capitales privados, con control estatal representado por la Dirección General de Fabricaciones Militares (DGFM) mediante la “Ley Savio” que implicó el nacimiento de SOMISA en 1947. Posteriormente, se incorporaron Yacimientos Carboníferos Fiscales (YCF) en Rio Turbio, provincia de Santa Cruz e HIPASAM en Sierra Grande, provincia de Rio Negro.
El Palpalá y aledaños también se construyeron complejos habitacionales para los trabajadores, escuelas primarias y secundarias, instalaciones de asistencia médica y odontológica, clubes con campos deportivos, piletas y cines en cada núcleo habitacional, almacenes y comedores. El crecimiento fue aluvional, desordenado y permanente en una topografía irregular, con depresiones y cauces de arroyos. El impacto en la economía regional fue decisivo y sostenido.
A partir de 1992 vino la debacle con la privatización de AHZ decretada por el gobierno menemista y comenzó su declinación: primero pasó a manos de un consorcio con accionistas argentinos, franceses y estadounidenses que no cumplieron con los planes de inversión; en 1999 pasó a manos del ítalo-argentino Antonio Taselli con igual efecto y en 2025 fue comprada por Metalnor, una empresa salteña dedicada al procesamiento, clasificación, transporte y comercialización de Scrap metálico Ferroso (chatarra de hierro) y no Ferroso (chatarra de cobre, bronce, aluminio, plomo, batería, pasta, acero inoxidable). Se llama Aceros Zapla y, en la actualidad, tiene una participación ínfima en la producción de acero en nuestro país.
Altos Hornos Zapla ejemplo de autonomía económica, inserción en el Plan Siderúrgico Nacional que fue puntal de desarrollo en Argentina, inclusión social e irradiación de bienestar popular.
Siempre es bueno recordar que de ahí también venimos…
Ruben Ruiz
Secretario General



























