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Efemérides 28 de Febrero – Almafuerte

Pedro Bonifacio Palacios
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El poeta filósofo que fue voz de los desamparados y le habló a los derrotados

Un día como hoy pero de 1917 se despedía Pedro Bonifacio Palacios, conocido popularmente como “Almafuerte”, poeta, educador, retratista, periodista, bibliotecario y traductor argentino que se convirtió en una referencia insoslayable de la cultura nacional y es considerado uno de “los cinco sabios de la ciudad de La Plata” junto a Florentino Ameghino, Alejandro Korn, Carlos Spegazzini y Juan Vusetich.
Nació en 1854 en un rancho de La Matanza (en lo que hoy es San Justo), provincia de Buenos Aires, en el seno de una familia humilde formada por Jacinta Rodríguez y de Vicente Palacios. Tuvo cuatro hermanos. Cuando él tenía cinco años falleció su madre y al poco tiempo su padre lo dejó al cuidado de una tía que lo crió como un hijo propio. Sus lecturas eran acotadas: la Biblia y alguna biografía. Cursó sus estudios primarios en una escuela en la parroquia porteña de Pilar (hoy barrio de Recoleta) Su vocación por la pintura quedó trunca por falta de recursos pero permaneció toda su vida. Entonces, se inclinó por la escritura y la docencia. Posible trascendencia y posibilidad de trabajo.
Su educación profesional fue autodidacta Ejerció la docencia en una escuela del barrio de Balvanera, a los dieciséis años fue maestro en una escuela de Chacabuco y luego en las localidades de Salto y Mercedes a pesar de no poseer título habilitante. En 1887 se trasladó a la ciudad de La Plata e ingresó como periodista en el diario “El Pueblo” y luego como director del periódico “El Progreso”. En ambos casos publicó sus notas con diversos seudónimos: Isaías, Juvenal, Platón, Job, Bonifacio, Lutarco y Uriel. En 1890, en respuesta a un periodista oficialista que se hacía llamar “Almaviva”, comenzó a firmar bajo el popular seudónimo de “Alfamuerte”.
Al mismo tiempo, apoyó la “revolución del Parque” encabezada por la Unión Cívica lo que le trajo aparejado nuevas represalias laborales. Posteriormente, integró el Partido Bonaerense, de carácter provincialista y finalmente se acercó al ideario socialista. No obstante, siempre se rehusó a ocupar un cargo político. En 1894 logró reingresar a la docencia en Trenque Lauquen pero fue cesanteado dos años después por razones políticas. Ese despido intempestivo lo sumió en una gran depresión y lo derrumbó económicamente. No obstante, logró mantenerse en forma precaria como empleado en la Cámara de Diputados bonaerense durante un lapso corto y como bibliotecario y traductor en la Dirección General de Estadística de la provincia.
Su producción poética fue profusa pero muchos poemarios se publicaron en forma póstuma. Recién en 1894 el diario “La Nación” publicó unos poemas que tuvieron cierta repercusión y se replicaron en medios de Madrid. En 1906 publicó Lamentaciones, un poemario de tono sombrío, lírica intensa y contenido emocional que expresa el dolor por las injusticias sociales y la necesidad de rebelarse ante la angustia personal, la soledad y la decadencia.
Al año siguiente publicó Siete sonetos medicinales, una obra directa, en un tono casi estoico que invita a resistir ante la adversidad, confrontar la opresión social y la pobreza y desarrollar una fortaleza interior que enfrente las consecuencias de la desigualdad pero también al sentimentalismo paralizante y el exceso de compasión. En 1915 escribió Evangélicas, poesía de combate y mensaje existencial con una estética casi modernista. Una obra alejada de la retórica religiosa, inclinada hacia un mensaje optimista enfocado en los desamparados; juega con las antinomias (sobriedad-soberbia, humildad-orgullo) que producen una voz paradójica con impacto efectivo y un destaque de la palabra impregnada de compromiso social.
También publicó Cantar de los cantares, poesía pasional con un mensaje intenso y metáforas sensuales que resaltan la celebración de las formas y la profundidad de la emoción humana. En 1917 se publicó Poesías completas, una recopilación intensa, de alto valor lírico y moral en la que impera el desafío al poder, el llamado a la resistencia ante las injusticias y la necesidad de una ética contrapuesta a la de los poderosos. Resiliencia cultural y esperanza reflexiva.
Poemas de una profundidad cercana como “La sombra de la Patria”, “La inmortal”, “El misionero” o “Milongas clásicas” lo unieron al trabajador, a los jóvenes, al pobrerío. Pero un poema inoxidable cuyo primer verso quedó en la memoria popular es sin duda “¡Piu avanti!”:
No te des por vencido, ni aun vencido,
no te sientas esclavo, ni aun esclavo;
trémulo de pavor, piénsate bravo,
y arremete feroz, ya mal herido.
Ten el tesón del clavo enmohecido
que ya viejo y ruin, vuelve a ser clavo;
no la cobarde intrepidez del pavo
que amaina su plumaje al primer ruido.
Procede como Dios que nunca llora;
o como Lucifer, que nunca reza;
o como el robledal, cuya grandeza
necesita del agua y no la implora…
¡Que muerda y vocifere vengadora,
ya rodando en el polvo, tu cabeza!
Sencillez extrema, metáforas físicas, apelación a la perseverancia aún en la peor de las malas. Mensaje al guapo/a de verdad. Ese que los lunes de mañana se levanta sin chistar, como dice sin firulete el canto uruguayo contemporáneo titulado “Que el letrista no se olvide”.
Su poesía quedó tensionada en la transición entre el romanticismo y el positivismo. Se lo podría encuadrar como un romántico tardío ante el auge impetuoso del modernismo telúrico.
Poeta rebelde, escriba popular, predicador valiente, apasionado, polémico, militante del realismo extremo, solidario, creador de refugios ante el atropello, la confusión y el desaliento.
Vivió en la pobreza hasta sus últimos días rodeado de la admiración silenciosa de los peones, los mozos, los obreros, los buscadores de una ética distinta a la dominante. Su impronta llegó hasta el rock and roll nativo: su nombre precedió cada actuación de la banda de heavy metal y hard rock comandada por el inefable bajista y cantante Ricardo Iorio y su poema más famoso fue interpretado por los rosarinos punk de “Bulldog” en el disco Un lugar para juntarnos.
Salú Almafuerte! Por tu entereza, tu apego a “los de abajo”, tu búsqueda de cambios profundos, tu pluma simple y amiga.

Ruben Ruiz
Secretario General 


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