img_home_19
previous arrow
next arrow
Shadow

Efemérides 04 de Junio

4 6 1943
Compartir

La Revolución de los coroneles

Un día como hoy pero de 1943 se produjo el único golpe de estado ejecutado solamente por militares en la historia de la República Argentina. Un golpe precipitado por acontecimientos producidos en esos días pero que fue el corolario de diversas formas de resistencia civil a los gobiernos de la llamada “Década infame” dominados por la corrupción sistemática, el fraude electoral extendido (irónicamente llamado “fraude patriótico) y las condiciones de vida paupérrimas de la mayoría de los trabajadores/as en nuestro país, aún, en un contexto de un primigenio desarrollo industrial provocado por una inevitable substitución de importaciones.
Desde el punto de vista de la historia política este hecho disruptivo impulsó un proceso de masas que dio origen al peronismo y condujo al movimiento sindical, por primera vez, a la mesa de las decisiones políticas relevantes.
Un golpe contradictorio, polémico y original llevado adelante por 8.000 oficiales, suboficiales y soldados que se mixturó con la bronca y apatía popular ante un gobierno conservador, corrupto y fraudulento. Contrapunto del golpe de estado de 1930 ejecutado por 3.000 cadetes encabezados por el general Uriburu, sostenido por los empresarios más poderosos, grupos políticos enemistados con Hipólito Yrigoyen, grupos mediáticos y, también, por la falta de voluntad política del gobierno elegido democráticamente para enfrentar a los golpistas.
Pero hay hechos previos que hablan de la necesidad de ese cambio de época iniciado en 1943.
La década del `30 se inició con un golpe militar feroz, una furibunda represión, la utilización sistemática de la tortura, la prisión de centenares de dirigentes obreros y la proscripción de la UCR. En 1931 los golpistas convocaron a elecciones en la provincia de Buenos Aires que, sorpresivamente, ganó la UCR. Las elecciones se anularon y se nombró gobernador de facto a Manuel Ramón Alvarado. A los pocos meses estalló una rebelión en la provincia de Corrientes, dirigida por el teniente coronel Gregorio Pomar que fracasó pero fue una sonora alerta. Su consecuencia inmediata: centenares de presos, proscriptos y desterrados.
Frente a este panorama insoluble los golpistas abandonaron su senda corporativista y crearon una alianza entre el Partido Demócrata Nacional (Partido Conservador), la Unión Cívica Radical Antipersonalista y el Partido Socialista Independiente que denominaron “Concordancia” para perpetrarse en el poder. El fraude electoral, la corrupción y la exclusión de las mayorías fueron su marca en el orillo. Impusieron tres presidentes: Agustín P. Justo (1932-1938), Roberto M. Ortiz (1938-1940) y Ramón S. Castillo (1940-1943).
Durante esa extendida dictadura y la llamada “Década infame” los trabajadores protagonizaron heroicas huelgas: los gráficos (1930), los obreros de la madera (1934), telefónicos, de los frigoríficos, petroleros de Comodoro Rivadavia, textiles, del calzado y la gran huelga de los obreros de la construcción en Buenos Aires entre octubre 1935 hasta enero 1936 que lograron imponer mejoras salariales y laborales, a pesar de varias derrotas y violentas represiones.
Otro actor intermitente pero relevante fue FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina) constituida por jóvenes que se opusieron al golpe y develaron desde sus famosos “cuadernos” los mecanismos económicos del neocolonialismo, el comportamiento ilegítimo y monopólico de los capitales extranjeros y la actitud prebendaria y cómplice de los empresarios locales. Su lema era: “Somos una Argentina colonial, queremos ser una Argentina libre”.
El desgaste político y la frustración popular que incubaba una potencial reacción hicieron que el gobierno intentara un nuevo fraude electoral. Pretendieron imponer al empresario azucarero salteño Robustiano Patrón Costas como seguro presidente en elecciones amañadas. Otro foco de conflicto fue la posibilidad de abandonar la neutralidad mantenida por la Argentina durante la Segunda Guerra Mundial que despertó discusión en las fuerzas armadas.
En ese contexto, el 10 de marzo de 1943 se constituyó el clandestino GOU (Grupo de Oficiales Unidos) formado por los coroneles Miguel Montes, Enrique González, Emilio Ramírez; los tenientes coroneles Urbano de la Vega, Domingo Mercante, Oscar A. Uriondo, Julio Lagos, Severo Eizaguirre, Tomás Ducó, Arturo Saavedra, Aristóbulo Mittelbach, Bernardo Menéndez, Agustín de la Vega y Bernardo Guillanteguey; los mayores Heráclito Ferrazano, Fernando González y Héctor Ladvocat y el capitán Francisco Filippi. Su ideólogo central y cerebro organizador fue el coronel Juan Domingo Perón. Se unieron para enfrentar la candidatura de Patrón Costa, continuar con la neutralidad en el conflicto bélico global, enfrentar la intromisión del sector político en la organización y unidad profesional del Ejército, regenerar la cohesión interna del país y prevenir un hipotético avance del comunismo.
El 3 de junio el presidente Castillo intentó destituir a su ministro de Guerra, el general Pedro Pablo Ramírez. El Ejército se levantó. En la madrugada del 4 de junio se encolumnaron 8000 tropas desde Campo de Mayo al mando de los generales Arturo Rawson y Elbio Carlos Anaya, los coroneles Emilio Ramírez y Fortunato Giovanonni y el teniente coronel Tomás A. Duco (presidente del Club Atlético Huracán). Al llegar a la Escuela de Mecánica de la Armada se produjo un violento enfrentamiento con fuerzas leales al gobierno. La derrota de los marinos fue total; hubo treinta muertos y 100 heridos entre militares y civiles.
El presidente Castillo huyó de la Casa Rosada y se embarcó en el rastreador ARA Drummond en dirección a Uruguay. La reacción mayoritaria fue de expectativa frente a una realidad modelada por la arbitrariedad, la coima, el peculado, los negociados, la impunidad de los funcionarios para con los deudores de bancos oficiales, la brutalidad patronal y los salarios de miseria.
El cargo de presidente fue asumido por el general Arturo Rawson. Quiso imponer algunos ministros conservadores. Duró 72 horas en el cargo. Lo reemplazó el general Pedro Pablo Ramírez que estabilizó la situación por poco tiempo. La división existente entre los militares respecto a la posición argentina ante el conflicto bélico mundial, su nacionalismo católico-hispanista de derecha y su confrontación por la incipiente alianza con los trabajadores, lo condenaron. Duró ocho meses y fue reemplazado por el general Edelmiro Farrell.
En esos meses el coronel Juan Domingo Perón fue consolidando su figura y su estrategia de poder. Fue designado secretario del Ministerio de Ejército y director del Departamento Nacional del Trabajo que rápidamente se transformó en Secretaría de Trabajo y Previsión con rango ministerial a la que imprimió una dinámica sin precedentes para desarrollar su acercamiento a los trabajadores y al movimiento sindical. Fue pragmático. Presión sobre los sindicatos renuentes, intervenciones, acuerdos y seducción ideológica. Disolvió la CGT Nº2 (socialistas y comunistas), se acercó a la CGT Nº1 (mayoritariamente socialistas y sindicalistas revolucionarios) y a la USA (sindicalistas revolucionarios). El movimiento obrero ingresaba al mundo de las decisiones estratégicas y se transformó en un sostén movilizado e inconmovible.
Las primeras medidas del nuevo gobierno fueron entre autoritarias y reparadoras. Expresaban las luchas internas con el que el movimiento había sido parido. Su ejecución fue draconiana. Aumento salarial del 5 al 10%, reducción del 20% en alquileres y arrendamientos rurales, suspensión de desalojos urbanos y rurales, creación de una Comisión Investigadora por el escándalo de la CHADE (compañía eléctrica) junto a la anulación de las prórrogas concedidas y reducción las tarifas y la intervención de la Corporación de Transporte.
Junto a estas medidas reparadoras tomó otras de corte represivo. Persiguió al Partido Comunista, detuvo y encarceló a centenares de sus dirigentes y militantes, disolvió la asociación Acción Argentina que promovía el ingreso a la segunda guerra mundial a favor de los aliados, intervino las universidades, clausuró los centros de estudiantes y, finalmente, entregó la educación a la facción ultracatólica e hispanista con personajes elitistas como Gustavo Martínez Zuviría (cuyo seudónimo era Hugo Fast), Jordán Bruno Genta, Tomás Casares y Santiago de Estrada, entre otros. Además, reinstaló la educación religiosa y declaró fuera de la ley a la Federación Universitaria Argentina (FUA) lo que produjo un enfrentamiento histórico con la comunidad educativa que se trasladó en gran medida a los científicos e investigadores. En otro orden, creó el Consejo Superior de las Transmisiones Radiotelefónicas, cuya primera resolución fue proscribir en la radiofonía argentinas expresiones del lunfardo, hecho que produjo otro enfrentamiento con propios y extraños.
Los hechos posteriores también fueron contundentes y el nacimiento y consolidación del peronismo como fuerza política mayoritaria en nuestro país fue el resultado de una serie de acontecimientos con inmensa participación popular, cambios económicos y políticos impensados, una nueva práctica política donde las mayorías tallaron con fuerza y donde la cultura plebeya fue visible luego de décadas en que había sido obturada por los poderosos.
Es necesario recordarlo porque fue un parteaguas en la historia contemporánea argentina.
De esa historia también venimos…

Ruben Ruiz
Secretario General 


Compartir
Volver arriba