img_home_19
previous arrow
next arrow
Shadow

Efemérides 05 de Septiembre

Adios Sui Generis
Compartir

 

Un día como hoy, pero de 1975 se despedía Sui Generis en el Luna Park con una doble función

Era un año convulsionado. Nos había aplastado el “Rodrigazo” y la economía se caía, la triple A hacía estragos con sus secuestros y asesinatos, los trabajadores/as habían echado a López Rega del gobierno y la policía estaba envalentonada, especialmente contra la juventud. Pero el rock and roll era un espacio vivo y Sui Generis era un dúo que hablaba de lo que nos pasaba, contaba cosas cercanas, denunciaba sin dar muchas vueltas y convocaba sin demasiado esfuerzo publicitario.
Ese viernes hacía frío. Llegamos al Bajo y Corrientes a eso de las cinco de la tarde. La primera función estaba programada para las ocho de la noche, pero empezó media hora más tarde. En la calle muchos policías enojados, pero los superaba el espíritu festivo y un poco nostálgico por la despedida. La gente que salía de las oficinas nos miraba extrañada y los vendedores de coca y gaseosas (algunos adelantados vendían whisky) hicieron su agosto rápidamente. Todavía recuerdo unos afiches promocionales que decían: ¿Por qué?. Irónico, llamativo, pero certero.
No entendíamos porqué se separaba Sui Generis.
Éramos 14.000 adolescentes que estábamos dispuestos a festejar una despedida, a disfrutar de un rito pagano, a ser parte de un espacio de libertad colectiva en medio de una realidad heavy, peliaguda. Debería causar gracia esa marea muy joven, despreocupada, pelilarga, haciendo una cola interminable por Bouchard o Lavalle debajo de los carteles que anunciaban a Holliday On Ice o Los Harlem Globetrotters.
Entramos y, como de costumbre, las populares estaban mojadas para que ingresaran más espectadores. Se llenó el estadio. De pibas y pibes, de cantitos, de algún grito solitario y original que era saludado con miles de aplausos y el clásico Oh, Oh, Oh, Oooh, Oh que nos hermanaba y pedía el comienzo del concierto.
Empezó la fiesta. Charly García salió al escenario con un smoking blanco, galera al tono, una orquídea en el ojal y zapatillas, Nito Mestre con una túnica naranja y jeans gastados, Rinaldo Rafanelli en el bajo con una remera blanca y chaleco, Juan Rodríguez en la batería con una vieja remera roja y miles de pibes y pibas gozando rock and roll.
Arrancaron con “Instituciones”, sobre la cual el productor Jorge Álvarez leyó un pequeño texto de despedida que finalizaba con un deseo: “Adiós Sui generis, que tengan una hermosa vida…”.
Después recorrimos juntos ese repertorio conocido que nos gustaba y nos emocionaba: “Canción para mi muerte”, “Aprendizaje”, “Confesiones de invierno”, “Natalio Ruiz, el hombrecito del sombrero gris”, “Rasguñan las piedras”, “Pequeñas delicias de la vida conyugal”, “Necesito”, “Lunes otra vez”, “Quizás porqué”, “Mr. Jones”, “Dime quien me lo robó”, “Blues del levante”, “Bienvenidos al tren”, etc, etc, etc.
Sonaron bien y nos sentíamos bien, aunque un poco tristes. No queríamos despedirlos. Afuera había otros 12.000 chicos y chicas que querían repetir la ceremonia y adentro atronaba la monada por más temas. El coliseo de cemento sabía que las noches de felicidad popular eran así, costaba irse.
Entonces, Charly tomó el micrófono con una risa nerviosa y dijo: “Ustedes saben…, ustedes saben que hay muchos chicos afuera que están hace mucho tiempo esperando entrar. O sea que, les pido… les pido por favor que… O sea, nosotros vamos a tocar un tema más. Pero después de eso… después de eso, les pido que… que se vayan! Los amamos muchísimo a todos, pero ustedes saben lo que pasa. Bueno, yo me despido ahora. Chau, chau, chau loco, chau”.
Una ovación, algunas lágrimas y sensación de plenitud.
En la salida por la calle Bouchard nos encontramos con una pared de soldados un poquito menos jóvenes que nosotros que nos indicaron un solo camino de salida. Cuando llegamos a Avenida Corrientes algunos empezaron a cantar un tema y se fue sumando gente al coro de “angelitos”.
La ciudad parecía más amigable, más compinche, menos extraña o, quizás, nosotros nos sentimos más libres, más felices, más humanos por un rato. Algunos/as llenaron los colectivos, otros/as los bares, otros/as las pizzerías. Esa noche el centro de Buenos Aires bajó abruptamente el promedio de edad y fue cómplice de una velada para no olvidar.
Cuenta el mito que Charly García se fue a comer con María Rosa Yorio a un restaurant en Corrientes y Callao que abría las 24 horas y que Nito Mestre terminó en una pizzería en el barrio de Núñez comiendo solo y leyendo “Crónica”. Ambos estaban muy asombrados, no lo podían creer. Seguramente, se acordaban de sus inicios en la época del Instituto Dámaso Centeno cuando soñaban con ser músicos.
Salú Sui Generis!!

Hubo un tiempo que fue hermoso
Y fui libre de verdad…

Ruben Ruiz
Secretario General 


Compartir
Volver arriba