Pionero del ambientalismo y figura clave de la ciencia moderna
Un día como hoy pero de 1859 se despedía Friedrich Karl Wilhelm Heinrich Alexander von Humboldt (también conocido como Alejandro Humboldt), naturalista, geógrafo y explorador alemán, padre de la geografía moderna (junto a Carlo Ritter) y de la biogeografía, precursor de la ecología, adelantado sobre las causas del cambio climático por la acción humana, iniciador de las infografías en Occidente, defensor de la interdependencia de todos los seres vivos y su origen común que influenció notablemente en el desarrollo de la teoría de la evolución; defensor de los derechos humanos, la igualdad entre los hombres y de la libre expresión.
Nació en 1769 en Berlín (en esa época perteneciente al reino de Prusia) en el seno de una familia acaudalada. Hijo de Marie Elisabeth von Holwede, de raíces hugonotes y heredera de una fortuna tras enviudar de su matrimonio anterior y de Alexander Georg von Humboldt, originario de Pomerania, oficial del ejército prusiano y capellán de la Princesa de Prusia.
Su primera educación la recibió en su hogar, el castillo de Tegel, a cargo de tutores particulares que estimularon su afición por las ciencias naturales y los viajes e imprimieron una sólida base educativa (lenguas antiguas y modernas, filosofía, dibujo y pintura). Una enorme influencia la ejerció el educador, escritor y lingüista Joachim Heinrich Campe. En 1790 realizó su primer viaje formativo a lo largo del rio Rhin hasta Países Bajos y luego a Gran Bretaña. Su regreso coincidió con el despliegue del ideario de la Revolución Francesa, hecho que fortaleció sus ideas políticas. Fue un viaje decisivo para su posterior recorrido de vida.
Cursó estudios superiores en la Universidad Viadrina de Frankfurt del Óder y, tras la muerte de su padre, en la Universidad de Gotinga donde estudió leyes pero también utilizó parte de su tiempo para acudir a las clases del naturalista, etnólogo y escritor George Forster. Posteriormente estudió en la Escuela de Minas de la Universidad de Freiberg. En esa ciudad fue designado Supertintendente de Minas en el año 1793, cargo que desempeñó hasta la muerte de su madre. Entonces, heredó una fortuna razonable, renunció a su cargo en la administración prusiana y comenzó sus viajes científicos y de exploración que ya no abandonaría.
En Alemania estudió astronomía, geología, aprendió el uso de instrumentos científicos, las normas de comercio y perfeccionó sus conocimientos de idiomas. Se preparó para ser un científico explorador y se relacionó con escritores y filósofos como Wolfgang von Goethe y Friedrich Schiller; luego viajó a París, conoció a los científicos Cuvier, Laplace, Berthollet y Delambre, entabló amistad con el botánico y cirujano Aimé Bonpland (quien se convertiría en su compañero de investigaciones y viajes) y, años después, con Simón Bolívar a quien lo unió una amistad todoterreno.
En compañía de Bonpland intentaron formar parte de la expedición de Napoleón a Egipto pero no fueron incorporados. Entonces recorrieron a pie la costa mediterránea desde Marsella hasta Barcelona, Valencia y Alicante. Durante la etapa hispana de esa travesía tomaron regularmente medidas de altitud, elaboraron el primer mapa seccional del relieve y demostraron que la península ibérica era, esencialmente, una meseta. Luego visitaron el Museo de Historia Natural donde se encontraron con libros que detallaban los resultados de la expedición para clasificar parte de la flora y fauna de América Central y Norte dirigida por Martín de Sessé Lacasta en colaboración con José Mariano Mociño. Quedaron impresionados e intrigados.
Con sus planos y la data recogida visitaron la corte del rey Carlos IV para ser autorizados a visitar las colonias españolas en América. Lo lograron en 1799 y el 5 de junio zarparon desde La Coruña en el navío “Pizarro” con dos salvoconductos otorgados por el secretario de Estado Mariano Luis de Urquijo y por el Consejo de Indias. Un viaje exploratorio que duró cinco años…
Un brote de fiebre tifoidea entre la tripulación desvió la nave hasta las costas de Venezuela. Desembarcaron en Cumaná, recorrieron el oriente venezolano, llegaron a la capital, ascendieron a la Silla de Caracas, visitaron varias ciudades, se dirigieron a los llanos centrales y la Guyana venezolana, exploraron el rio Orinoco y fueron los primeros en navegar el Casiquiare, un afluente de trescientos kilómetros de largo que une los sistemas fluviales del Orinoco y el Amazonas. Centraron su exploración en el estudio de la flora, fauna, minerales, cursos de agua, del suelo, los fenómenos del clima, las costumbres indígenas y la vida de la sociedad urbana.
Visitaron brevemente Cuba y al regresar una tormenta los depositó en Cartagena de Indias (Reino de Nueva Granada, actual Colombia). Su llegada a Bogotá les proporcionó una sorpresa: el profuso trabajo del sacerdote y botánico José Celestino Bruno Mutis y Bosio y su equipo de herboristas y pintores que habían clasificado y representado con precisión las piezas naturales de la región. Entonces, cambió de planes y se sumergió en el interior del Reino. Atravesaron la Cordillera real hacia la ciudad de Quito donde conocieron al militar criollo Carlos de Montúfar y Larrea que se sumó a la expedición.
Ascendieron a los volcanes Cayambe y Pichincha, describieron rudimentos de vulcanismo, llegaron casi a la cima del Chimborazo (pico máximo conocido en América en esa época) y recorrieron la extensa sierra del Ecuador. Recolectaron plantas, estudiaron la estratificación de la vegetación en las laderas montañosas (tiempo después ilustró esa vegetación y se convirtió en precursor del uso de infografías), dio cuenta de la correlación existente entre ecosistemas de iguales altitudes en todo el planeta, observaron la gradación de las temperaturas, visitaron la fortaleza incaica de Ingapirca, relevaron las costumbres de la población indígena de Cuenca y prosiguieron a Cajamarca. En las costas de esa región peruana estudió la aplicación práctica de los excrementos de las aves (guano) como fertilizante.
Rumbeó para Lima y luego a Guayaquil. En el trayecto (a mil kilómetros de la costa) observó con atención el agua del mar. Registró la temperatura y la velocidad de esa corriente que viaja de sur a norte, detectó que era más fría que en otras partes del océano e ideó un novedoso sistema de representación climatológica en forma de isobaras e isotermas. No se detuvo y siguió rumbó a Nueva España (México actual) en la fragata española “Orué”.
Atracaron en Acapulco y viajaron en una recua de mulas hasta ciudad de México donde descifró el calendario azteca o Piedra del Sol, planificó perfiles geológicos, examinó estudios del Colegio de Minería y estudió el modelo de los institutos en los que trabajaban en forma conjunta blancos y originarios, visitó las minas de Pachuca, Hidalgo y Guanajuato y los impresionantes alcantarillados de Huehuetoca. Partió hacia Veracruz. Midió el Popocatépetl, el Iztaccíhuatl y escala el Cofre de Perote y el pico de Orizaba (importante para los navegantes costeros) y, como corolario, escribió Ensayo Político sobre el Reino de la Nueva España
En 1804 retornó a Cuba; su centro de operaciones fue La Habana. Visitó el interior de la isla y descubrió su profunda identidad nacional, su arraigo, su mixtura de metrópoli y colonia, el mayor grado de civilización respecto a los países del entorno. Sus conclusiones las diseccionó en la obra Ensayo político sobre la isla de Cuba. De allí partió a EE UU donde fue recibido por el presidente Thomas Jefferson y tratado como huésped de la Casa Blanca. En su estadía intercambiaron opiniones y datos y el gobierno yanqui aprovechó sus conocimientos topográficos sobre los ríos Grande y Sabina que más tarde usaron contra los mexicanos.
Ese año regresó a Europa. Se aquerenció en París donde se dedicó a recopilar, ordenar y publicar el material recogido en su expedición que insumió diez mil kilómetros. La condensó en treinta y dos volúmenes que tituló Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente. En 1827 regresó a Berlín, fue consejero del rey Federico Guillermo III de Prusia, realizó numerosas misiones diplomáticas y desempeñó un papel importante en la recuperación de la comunidad académica y científica alemana.
En 1829 fue convocado por el zar Nicolás I de Rusia para hallar nuevos yacimientos de platino, oro y otros minerales en los Urales. Finalizada la tarea continuó en misión geológica hacia Siberia. Alcanzó el río Obi, visitó el macizo del Altái y Dzhungaria (en la frontera con China), retornó hacia Astracán en el mar Caspio y finalizó en San Petersburgo. Fue una larga travesía de quince mil kilómetros.
Sus siguientes 25 años los dedicó a escribir un texto monumental: Cosmos, una obra enciclopédica en la que intentó recopilar y sintetizar los conocimientos de su época sobre la estructura del universo y plasmar su ideario filosófico resaltando valores como la universalidad del conocimiento, el respeto entre culturas, la libertad, los derechos humanos y la democracia.
Gastó su fortuna en costear las exploraciones, publicar sus conclusiones y ayudar a jóvenes científicos. Murió convencido que la Tierra era un organismo vivo, una red de vida que había que cuidar cotidianamente. Fue un precursor del cuidado colectivo de la Casa Común.
Salú Alexander von Humboldt!
Ruben Ruiz
Secretario General



























