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Efemérides 16 de Febrero – Facundo Quiroga

Facundo Quiroga
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El Tigre de los Llanos

Un día como hoy pero de 1835 era asesinado Juan Facundo Quiroga, político, militar, ganadero y minero riojano y uno de los más importantes caudillos de la primera mitad del siglo XIX que se encumbró como defensor de las precarias industrias de las provincias del norte andino, luchó por la instauración de un verdadero federalismo nacional, por una auténtica organización constitucional y que alcanzó la altura de mito por representar una expresión popular extendida y resistente que fue ninguneada por gran parte de la historiografía argentina dominante.
Nació en 1788 en el paraje San Antonio de los Llanos, provincia de La Rioja. Planicie semiárida donde se criaban ovejas y habitada originalmente por calchaquíes que transmitieron su coraje y firmeza a sus herederos, los gauchos. Hijo de Juana Rosa de Argañaraz, oriunda de la zona y descendiente de Francisco de Argañaraz y Murguía, fundador de San Salvador de Jujuy y de José Prudencio Quiroga, mestizo sanjuanino con ancestros de Galicia y antepasados más cercanos capitanes y encomenderos castellanos y chilenos; se dedicaba a la ganadería y también fue comandante de las milicias de la región y alcalde designado.
Facundo Quiroga recibió una educación razonable para la época y la zona. Trabajó de peón en la estancia de su padre y fue capataz arriero lo que le permitió adquirir hábitos y destrezas de los campesinos gauchos. En 1810 se encontraba en Buenos Aires, se enroló en el regimiento de Arribeños y participó en los hechos de la Semana de Mayo. Con dotes de mando no soportó la disciplina militar y desertó. En 1814 se casó con María de los Dolores Fernández con quien tuvo tres hijas y tres hijos. A mediados de 1815 recibió una instrucción militar básica durante un mes en el Regimiento de Granaderos a Caballo pero regresó a La Rioja por presión paterna.
En 1817 fue designado comandante militar de la localidad riojana de Malanzán con el grado de capitán y luego comandante interino de los Llanos. Su capacidad de liderazgo, su apego a las costumbres y vestimentas que usaban los gauchos y su resolución para resolver diferendos, proteger a sus comprovincianos de injusticia varias, su eficacia para solucionar problemas económicos graves de quienes lo rodeaban y su influencia para realizar recomendaciones al gobierno o para certificar la hombría de bien cuando lo requerían, acrecentaron su prestigio.
A la vez, participó activamente en la lucha por la independencia. Recolectó dinero, acercó abastecimiento requisó o reunió ganado cimarrón que luego enviaba al Ejército del Norte y al Ejército de los Andes; adiestró reclutas, organizó milicianos, capturó desertores que engrosaron las filas patriotas y fue parte de las tropas que liberaron Copiapó en Chile.
En 1819 estaba preso en San Luis por un episodio menor junto a una veintena de oficiales realistas capturados y detenidos por San Martín en Chile y enviados allí para su encierro. En esas circunstancias los realistas se amotinaron, liberaron al resto de los presos y pretendieron escapar. Facundo Quiroga, munido de un cuerno de vaca y un barrote arrancado de su celda junto a otros reos los enfrentaron. Dieron muerte a varios realistas y desbarataron la intentona.
Retornó a La Rioja prestigiado aún más y se sumergió en las lides políticas. La provincia estaba dominada por dos familias terratenientes: los Ocampo y los Dávila. Los primeros estaban en el poder y se desató la lucha. Quiroga se alistó en el bando contrario. El gobernador se reforzó con fuerzas provenientes de San Juan (los «Auxiliares de los Andes») y derrotó a los sublevados en el combate de la Posta de los Colorados. Quiroga se retiró a los Llanos, regresó a la capital riojana junto a 80 hombres armados, derrotó al coronel Francisco Aldao en el combate de La Rioja, desconoció la autoridad de Ocampo y presionó a la legislatura para que eligiera gobernador a Nicolás Dávila. Además, incorporó a las fuerzas sanjuaninas a sus tropas.
Fiel a su carácter oligarca, Dávila desconfió de la popularidad de “El Tigre de los Llanos” e intentó apoderarse de la artillería y el parque instalados en su comandancia. La reacción fue inevitable. Se enfrentaron en la batalla de El Puesto. Las fuerzas del gobernador fueron derrotadas y Dávila fue muerto. Facundo Quiroga accedió al gobierno provincial durante cuatro meses y luego renunció. No obstante, se transformó en el caudillo indiscutido de los riojanos.
Obtuvo una concesión junto a grupos riojanos y porteños, para explotar las minas de cobre y plata de la región y acuñó moneda propia de gran aceptación en las provincias del norte. En 1824 el ministro de gobierno bonaerense, Bernardino Rivadavia, ejecutó tres hechos que implicaron el enfrentamiento con el caudillo riojano: la concesión a inversores británicos de esas minas sin tener derechos sobre ellas, una reforma eclesiástica profunda y la leva forzada en Tucumán y Catamarca para incorporar tropas en la guerra contra Brasil. Quiroga defendió los derechos económicos suyos y de los riojanos, se enroló contra las leyes de libertad religiosa y ordenó no enviar tropas a la guerra asumiendo la defensa de las autonomías provinciales. Se enfrentó definitivamente a los unitarios y se incorporó al bloque federal.
La guerra civil estaba a pleno. El centralismo del gobierno de Rivadavia, el desprecio a las gobernaciones provinciales y la acción punitiva del general unitario Aráoz de Lamadrid en las provincias del norte andino llevó a Quiroga a dirigir la rebelión de las provincias del norte y centro junto al caudillo cordobés Juan Bautista Bustos y al santiagueño Juan Felipe Ibarra. Aseguró las gobernaciones de Catamarca y San Juan y enfiló hacia Tucumán invadida por Aráoz de Lamadrid. Lo derrotó en las batallas de El Tala y en el combate de Rincón de Valladares con una táctica repetida: fingir una retirada de parte de su caballería para que el enemigo la persiguiese y luego volverse sobre sí misma y embestir por sorpresa mientras una reserva, que había permanecido escondida, atacaba por retaguardia en una maniobra precisa y envolvente.
En esas batallas fueron muertos en el campo de batalla o pasado por las armas la mayoría de los mercenarios “colombianos” que habían sido contratados por la burguesía porteña y que con sus actos salvajes y sangrientos habían originado el lema de “salvajes unitarios”. Al mismo tiempo, el Congreso votó una constitución unitaria que fue rechazada por la mayoría de las provincias (solo Salta y Tucumán la acataron). Los enfrentamientos su sucedían sin pausa y Rivadavia debió renunciar a su cargo de presidente para el que había sido nominado en 1826.
A fines de 1828 fue fusilado Manuel Dorrego y a los pocos meses las fuerzas unitarias al mando del general José María Paz invadieron Córdoba y derrocaron al caudillo Juan Baustista Bustos que pidió ayuda inmediata. Quiroga alistó a sus tropas y enfrentó a Paz que lo derrotó en las batallas de La Tablada y Oncativo. La disciplina y el entrenamiento militar se impusieron al coraje de los gauchos y sus cargas violentas. Además, las fuerzas del general Paz superaron una limitación sicológica como era la mitificación de que los gauchos de Quiroga se transformaban en “capiangos” (mitad hombres y mitad tigres) y actuaban con una ferocidad inigualable. La consecuencia política inmediata de esas dos victorias militares fue la creación de la Liga Unitaria que se posicionó en Córdoba, intervino La Rioja y se consolidó en el norte.
Quiroga se retiró a los Llanos en La Rioja, repuso a sus tropas, enfiló hacia el sur de Córdoba, ocupó Rio Cuarto sin resistencia (su lugarteniente “Chacho Peñaloza” quedó a cargo), derrotó a los unitarios en las feroces batallas de Rio Cuarto y Rio Quinto, dominó San Luis y arrasó a las tropas del gobernador mendocino en la batalla de Rodeo de Chacón.
En enero de 1831 Santa Fe, Buenos Aires y Entre Ríos habían firmado el Pacto Federal para llamar a un Congreso General y crear una administración federal. Sus tropas eran comandadas por el gobernador santafecino Estanislao López. Se ordenó a Quiroga, a la sazón subcomandante de las fuerzas, recuperar Tucumán en manos de Aráoz de Lamadrid. Cumplió la orden, derrotó a los unitarios en la batalla de La Ciudadela y reordenó el mapa político del norte andino y Cuyo. Pero de inmediato renunció por sus diferencias con Estanislao López.
Se radicó en Buenos Aires con su familia, compró una estancia en San Pedro y desplegó una intensa actividad social y política. Rosas lo alistó en la campaña contra los indios donde se enfrentó a los hermanos Reynafé que traficaban hacienda capturada por los malones ranqueles. Cumplió su tarea y afianzó sus diferencias con Rosas sobre los pasos hacia la organización nacional. Fue claro: implantación de un régimen republicano, rechazo a la desintegración con reconocimiento de las realidades culturales del Noroeste y el Litoral e instauración del voto universal. Rosas también fue claro: la magnitud de esa organización era prematura porque las provincias necesitaban crear sus propias estructuras políticas y transitar un período de vida institucional estable que superara los enfrentamientos internos.
Rosas envió a Quiroga a mediar en un litigio entre los gobernadores federales de Salta y Tucumán, Pablo de Latorre y Alejandro Heredia. Fue acompañado de su secretario, el doctor José Santos Ortiz. El artero asesinato de Latorre hizo que la comitiva regresara. Arreciaban los comentarios de que la muerte de Quiroga había sido decidida por José Reynafé, gobernador federal de Córdoba. Hizo caso omiso a las advertencias y rechazó las escoltas. Pero el hecho se consumó con inaudita violencia en el paraje cordobés de Barranca Yaco. Una numerosa partida al mando del capitán Santos Pérez emboscó al carruaje, un tiro en el ojo desplomó a Facundo Quiroga y todos sus acompañantes fueron asesinados. Muertes impías, heridas fieras y motivos nunca desentrañados en un siglo demasiado enredado y ensangrentado por demás.
Caudillo de montoneras de rostro mestizo, solidario, empático, militante de un tiempo violento y seminal de nuestra historia, jugador empedernido, devoto de su caballo Moro a quien le atribuía saberes anticipatorios, ejecutor feroz, sanguíneo, corajudo en las buenas y malas.
Salú Facundo Quiroga! Un estandarte ineludible si queremos saber de dónde venimos y hacia donde vamos como pueblo.

Ruben Ruiz
Secretario General 


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