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Efemérides 21 de Abril

Papa Francisco
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Francisco, el Papa de las acciones disruptivas y los gestos inesperados

Hace un año fallecía Jorge Mario Bergoglio, el Papa Francisco.
Dejó un vacío profundo y un legado todavía insondable para la iglesia.
Fue el 266.º Papa de la Iglesia católica y el octavo soberano de la Ciudad del Vaticano.
El primero del fin de mundo. Jesuita, argentino, “cuervo” y peronista.
Un combo incomprensible para los sabiondos que dominan el planeta.
Nacido y criado en el barrio de Flores. Asistió al jardín de infantes único de nivel mixto de las Hermanas de la Misericordia. Arrancó la primaria en la escuela pública “Pedro Cerviño” y llegó a quinto grado. A partir del sexto grado concurrió en carácter de pupilo al colegio Wilfrid Barón de los Santos Ángeles, de la Obra de Don Bosco, en Ramos Mejía, partido de La Matanza. Sus estudios secundarios los cursó en el colegio industrial “Hipólito Yrigoyen”, en el que se graduó como técnico químico. Jugaba con sus hermanos y amigos en la actual plazoleta Herminia Brumana que en esa época era un potrero y escuchaba con fruición a su abuela, Rosa Vasallo: la mujer que mayor influencia tuvo en su vida, según su propio relato.
Su primer trabajo fue en el laboratorio Hickethier-Bachmann, donde realizaba análisis bromatológicos con el objeto de controlar la higiene de los alimentos. Pero su vocación religiosa determinó que se convirtiera en sacerdote.
En 1957 ingresó al noviciado de la Compañía de Jesús, en el seminario de Villa Devoto. Luego comenzó su instrucción itinerante. En los dos años siguientes estudió Ciencias Clásicas, historia, literatura, latín y griego en la casa de retiro de San Alberto Hurtado (Chile) donde terminó su juniorado (posterior al noviciado y anterior a los votos perpetuos) jesuita. Entre 1964 y 1965 fue profesor de Literatura y Psicología en el Colegio de la Inmaculada de Santa Fe, donde se cruzó con Jorge Luis Borges quien prologó un libro escrito por los alumnos del claustro.
Algunos años después, junto a varios directores de la Universidad de El Salvador, tomó contacto con integrantes de la agrupación peronista con características místicas “Guardia de Hierro” que influyó en él (especialmente la filósofa Amelia Podetti) y en quienes confió la dirección de la institución cuando la congregación decidió transferir la administración de la universidad a una agrupación de laicos cuando Bergoglio ya fungía como provincial de los jesuitas argentinos.
En esa época cursó estudios de teología en la Facultad de Teología del Colegio Máximo de San José, en el Partido de San Miguel, donde le impartió enseñanzas el teólogo jesuita Juan Carlos Scannone, fundador de la Filosofía de la liberación y de la Teología del pueblo (corriente autónoma de la Teología de la liberación) que también influyó en su pensamiento.
En 1976 comenzó la dictadura genocida que mató o desapareció a decenas de curas villeros e integrantes del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo. La actuación de Bergoglio en ese período fue cuestionada por algunos y reivindicada por otros que remarcaron el armado de una red clandestina que organizó la salida de opositores perseguidos por los dictadores. En 1980 fue designado rector del Colegio Máximo de San Miguel y de las Facultades de Filosofía y Teología de esa casa de estudios y primer párroco de la Parroquia del Patriarca San José.
Luego transitó su ascendente camino en la iglesia católica sin prisa pero sin pausa. Fue obispo titular de la circunscripción de Oca, uno de los obispos auxiliares de Buenos Aires, obispo en su Catedral, arzobispo coadjutor, primado de la Argentina, gran canciller de la Universidad Católica Argentina y ordinario para los fieles orientales.
En 2001 Juan Pablo II lo designó cardenal con el titulus de San Roberto Belarmino, un jesuita inquisidor en la época de la contrarreforma encargado de dirigir los procesos inquisitoriales contra Giordano Bruno y Galileo Galilei, entre otras víctimas. Así, su título cardenalicio quedó asociado a ese santo de la iglesia.
En 2005 comenzó a ser considerado papable. Una campaña periodística junto a una sigilosa acción diplomática, una conveniente denuncia en los tribunales federales argentinos en los días previos a la fumata y una estrategia de la curia romana por reforzarse en lugar de renovarse hicieron que su candidatura perdiera peso. Finalmente, Joseph Ratzinger fue elegido Papa.
En 2013, tras la renuncia de Ratzinger, hubo otro cónclave. La necesidad de renovación era harto evidente y el 13 de marzo, Jorge Bergoglio fue electo nuevo Papa y tomó el nombre de Francisco, un símbolo jesuita. Fue el primer americano en acceder al cargo máximo de la iglesia católica, el primero del hemisferio sur, el primer pontífice no europeo desde el año 741 y el primero perteneciente a la Compañía de Jesús.
Fue un Papa reformador, vital y abierto a las polémicas en una institución secretista. Desde los primeros gestos marcó diferencias. Dio la primera misa en latín e italiano sin ayuda de escritos, se desplazó a bordo de un todoterreno blanco descubierto, recorrió la Plaza San Pedro para besar a los niños y saludar a los enfermos, dejó de usar algunos elementos de la vestimenta de sus antecesores, se hospedó en la Casa Santa Marta (rechazó los departamentos pontificios en el Palacio Apostólico) y tuvo una vida austera compartiendo los espacios comunes.
Creó el Consejo de Cardenales para acelerar las reformas y revisar la Constitución apostólica “Pastor Bonus” y en 2022 promulgó la Constitución Apostólica “Praedicate evangelium”, creó tres comisiones para investigar al IOR (el Banco Vaticano), para revisar y racionalizar el aparato económico y administrativo de la Santa Sede y para intensificar la vigilancia en las finanzas y una comisión especial para la protección de los menores víctimas de abusos sexuales y la lucha contra los curas pedófilos.
De inmediato convocó la III Asamblea General Extraordinaria del Sínodo de Obispos, bajo el lema “Los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización”. Tras cartón, convocó a la XIV Asamblea General Ordinaria del sínodo de obispos para discutir “la vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo”, el Sínodo sobre los Jóvenes, el Sínodo para la Amazonia y, finalmente, el Sínodo de la Sinodalidad cuyo documento final ratificó en forma presencial otorgándole autoridad magisterial. Por primera vez se les permitió votar a las mujeres en un sínodo aunque no se avanzó en su ordenación jerárquica.
Se destacaron sus Encíclicas que marcaron un estilo y una práctica. “Lumen fidei” (sobre los escritos de Benedicto XVI) en la que recorre la historia de la fe de la Iglesia, la relación entre razón y fe, el papel de la Iglesia en su transmisión y el efecto de la fe para la construir sociedades en busca del bien común. “Laudato si’”, una crítica mordaz al consumismo y el desarrollo irresponsable y un alegato sobre el cuidado de la Casa Común, la necesidad de combatir la degradación ambiental y congeniar acciones para prevenir el cambio climático. “Fratelli Tutti”, una exaltación a la fraternidad como elemento ordenador de las sociedades y a favor de la convivencia mundial y “Dilexit nos”, un intento de respuesta a la deshumanización, el consumismo y la pérdida de sentido en la era digital.
Puso sobre la mesa global la discusión sobre la desigualdad social, el desequilibrio que existe entre los poderosos y los trabajadores, la exclusión de millones de seres humanos, la ignominia de la trata de personas y su necesario combate y la inutilidad manifiesta de las guerras.
Un papado que se caracterizó por su claridad en temas nodales de nuestra existencia contemporánea que trató sobre la acuciante terrenalidad de las respuestas sin olvidar la lucha por el sentido de la espiritualidad, por una crítica social profunda con muestras de sensibilidad y pragmatismo político y por su consuetudinario conservadurismo doctrinario.
Curiosamente, muchos de los compatriotas que lo criticaban fueron sus devotos desde el día en que fue elegido Papa y muchos de los que lo apoyaban comenzaron a criticarlo por sus posiciones a favor de las mayorías desposeídas. Una vieja costumbre argentina que no abandonamos aunque el mundo se disuelva.
Un distinto en una institución de historial polémico que no se privó de tensionar su papado ante los vientos de renovación que inspiró y que muchos comunes tomaron como propios.
Salú Francisco!

Ruben Ruiz
Secretario General 


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