La mujer olvidada en la lucha emancipatoria de América
Un día como hoy pero de 1744 nacía Micaela Bastidas Puyucahua, luchadora indígena destacada en la lucha contra la explotación y el dominio colonial español. Su liderazgo, determinación y resistencia la elevaron a la posición de lideresa en esa lucha desigual por la liberación americana que se libró entre 1780 y 1781 en territorio incaico.
Nació en Tamburco, Abancay, Virreinato del Perú. Hija de Josefa Puyucahua de orígenes andinos y Manuel Bastidas, de ascendencia africana y española. Durante su infancia recibió una educación básica en letras y artes. Por su mixtura sanguínea fue apodada “Zamba” (persona nacida del mestizaje entre una persona negra y una persona originaria americana).
A los dieciséis años se casó con su amigo de la infancia José Gabriel Condorcanqui, mestizo y descendiente de la nobleza incaica. Cuatro años más tarde, su esposo fue nombrado curaca (jefe político y administrativo en el mundo andino precolombino) de sus territorios heredados: Pampamarca, Tungasuca y Surimana. No obstante, los españoles lo llamaron “cacique”, derivación proveniente de la lengua taína que se hablaba en las Antillas, en el sur de Florida y algunas islas situadas en el oriente del mar Caribe.
La pareja fijó residencia en la ciudad de Tinta, cercana a Cuzco. Tuvieron tres hijos: Hipólito, Mariano y Fernando. Debido a las largas ausencias de su marido que era arriero y supervisaba transportes de bienes en más de sesenta mulas y caballos, Micaela Bastidas se había hecho cargo del mantenimiento de la casa, de la crianza de sus hijos (a los dieciocho años ya tenía dos) y de la administración de los aspectos comerciales y logísticos de la actividad de su esposo (la correspondencia con los clientes, el control de los pagos, la compra de las provisiones necesarias para las travesías, asegurar el transporte animal, acordar la estancia del grupo que lo acompañaba en diferentes pueblos, etc).
Desde la invasión española a América la explotación de la población indígena fue creciendo. Los mecanismos de dominación fueron diversos: la mita, la encomienda, los obrajes, los repartimientos, los tributos en metálico o especies a la corona. Hubo levantamientos intermitentes durante casi dos siglos pero el hecho político que determinó una mayor beligerancia fueron los cambios administrativos, económicos, políticos, militares y territoriales que se conocieron como “Reformas borbónicas” a partir del 1700.
Uno de ellos fue la partición del virreinato del Perú con la creación del virreinato del Rio de la Plata y la posterior aparición del virreinato de Nueva Granada. Esto implicó un menor peso político del Perú, menores recursos y, por consiguiente, mayor presión impositiva a los pueblos originarios en su región. La opresión se hacía insoportable, la brutalidad de los corregidores era incontrolable, el clima social se fue espesando y los enfrentamientos con los invasores se sucedieron con mayor frecuencia.
En 1776 Juan Gabriel Condorcanqui realizó una presentación ante la Real Audiencia de Lima en la que solicitaba que los indígenas fueron exceptuados del trabajo obligatorio en las minas. La Real Audiencia denegó el pedido con rapidez. Otras peticiones pacíficas fueron desechadas.
El 4 de noviembre de 1780 comenzó una de las rebeliones más importantes contra los godos. Condorcanqui lideró a un grupo de originarios con el objetivo de enfrentar la opresión colonial. Emboscaron al corregidor de Tinta, Antonio de Arriaga, lo capturaron, lo enjuiciaron (los argumentos de la acusación fueron fundados por Micaela Bastidas) y lo ejecutaron. Se elevó el Primer Grito de Libertad desde la localidad de Tinta en el que expresaban sus razones, se decretó el fin de la mita y el pago de los impuestos en la región: “… ninguna de las personas dichas, pague ni obedezca a los ministros europeos intrusos…”, recalcaba el documento.
Condorcanqui cambió su nombre por el de Túpac Amaru II y su esposa fue aclamada como líder política y administrativa de Tungasuca, donde se encontraba el cuartel general de la rebelión. Se convirtió rápidamente en la principal estratega del levantamiento y les dio un protagonismo inédito a las mujeres de la región. Su cuartel general de confianza estaba formado por la curaca de Acos, Tomasa Tito Condemayta, que fue su mano derecha y Cecilia Túpac Amaru.
Consiguió las armas, organizó la retaguardia indígena, implementó un servicio de chasquis a caballo para transmitir información y creó un escuadrón de luchadoras quechuas y aimaras que participaron en las batallas junto a sus hijos y maridos. Organizaba expediciones para reclutar gente dispuesta a engrosar las tropas rebeldes, impartía órdenes, firmaba edictos, enhebraba acuerdos con los caciques de la región. Estructuró una retaguardia eficiente donde organizó la cura de los heridos y el aprovisionamiento de las tropas y se encargó de la inteligencia.
A finales de noviembre de 1780 las fuerzas rebeldes se enfrentaron a 1200 soldados españoles y los derrotaron en la Batalla de Sangarará. Micaela tuvo una valiente actuación y después de la batalla fue nombrada jefa interina de la insurrección. Su persuasión y el liderazgo de Túpac Amaru permitieron que las tropas rebeldes alcanzaran el número de siete mil.
Los realistas estaban sorprendidos y enfurecidos. Ofrecieron recompensas, títulos de nobleza, perdones e indulgencias y, a la vez, concentraron diecisiete mil soldados, muchos enviados desde Lima y de Cartagena de Indias.
Micaela y Tomasa instaron a Túpac Amaru a avanzar sobre Cuzco antes que esas tropas pudieran organizarse y aprovisionarse. “Chepe mío, estás perdiendo el tiempo; hasta cuándo me vas a llenar de pesadumbres; por qué te equivocas, o por qué no marchas al Cuzco […] Bastantes advertencias te di para que inmediatamente fueras al Cuzco, pero hasta ahora has dado todas a la barata, dándoles tiempo para que se prevengan, como lo han hecho poniendo cañones en el cerro Picchio y otras tramoyas tan peligrosas que ya no eres sujeto de darles avance”, advertía la correspondencia de Micaela. No fueron oídas. El líder prefirió retirarse a terreno seguro y reunir más tropas. Fue un error trágico.
A principios de 1781 los españoles triunfaron en una serie de combates con la ayuda del cacique de Chinchero y en abril cantaron victoria en la crucial batalla de Checacupe. Las tropas rebeldes se retiraron y se refugiaron en Langui. Allí Túpac Amaru, su familia y los principales dirigentes de la rebelión fueron traicionados por el mestizo Francisco Santacruz, del criollo Ventura Landaeta y del cura Antonio Martínez que facilitaron sus capturas.
Fueron trasladados a Cuzco. Encerrados y torturados para obtener información sobre las posiciones del ejército rebelde. Recibieron el silencio como única respuesta. El 14 de mayo se realizó la acusación contra las y los detenidos y se los condenó a la pena de muerte. Cuatro días después se obligó a la población a asistir a la Plaza de Armas para presenciar la ejecución de la orden. Fue una larga jornada de horror.
Micaela ingresó a la plaza atada de pies y manos y arrastrada por caballos. Presenció la muerte de Diego Verdejo, Antonio Oblitas, su hermano Antonio Bastidas, Antonio Castelo y Francisco Túpac Amaru. Luego la muerte a garrotazos de Tomasa Tito Condemayta y la ejecución de su hijo Hipólito a quien le cortaron la lengua y ahorcaron.
Después la subieron a una plataforma, también cortaron su lengua y quisieron estrangularla pero la delgadez de su cuello impidió que la pinza pudiera presionar. La garrotearon, pusieron sogas sobre su cuello y presionaron en direcciones opuestas hasta ajusticiarla. Finalmente, intentaron descuartizar a Túpac Amaru pero su resistencia impidió que los caballos pudieran ejecutar la vil acción. Finalmente fue decapitado y despedazado. Salvajismo del invasor que no pudo impedir la rebelión de muchos pueblos americanos que finalmente se liberaron del yugo.
Salú Micaela Bastidas! Por tu firmeza para enfrentar mandatos milenarios, tu sabiduría para interpretar tu tiempo, tu fiereza para luchar contra la bestialidad usurpadora y tu entereza ante la crueldad de la tortura y la muerte.
Ruben Ruiz
Secretario General



























