La bailarina que hablaba con su danza
Un día como hoy pero de 1940 nacía Philippine Bausch, bailarina de ballet, coreógrafa, profesora de música, directora de cine y teatro y guionista alemana pionera de la danza-teatro que combinó distintas expresiones: movimientos corporales, emociones, sonidos y escenografía y transformó esa forma de comunicación no verbal universal que es la danza de una manera revolucionaria. Reinventó la forma de percibir y experimentar el arte escénico.
Nació en Solingen, cerca de la ciudad alemana de Düsseldorf. La Segunda Guerra Mundial recién desplegaba su crueldad e iniciaba un viaje hacia la locura global. Hija de Anita y August Bausch, dueños de un restaurante donde Pina tomó sus primeras clases de danza.
Su notable flexibilidad física e inicial talento para el baile convencieron a sus padres de enviarla a perfeccionar su artesanal danza. En 1955 ingresó a la Folkwang School, dirigida por el coreógrafo Kurt Jooss que fue el fundador de la danza expresionista.
En 1959 se graduó y ganó una beca para continuar sus estudios en el conservatorio de artes Juilliard School, ubicado en Nueva York. Su primer maestro fue Antony Tudor, quien la dirigió cuando bailó en el Metropolitan Opera Ballet. En su segunda etapa formativa tuvo como profesores a José Limón, Alfredo Corvino, Mary Hinkson y Paul Taylor, quien la dirigió cuando integró el New American Ballet.
En 1961 Kurt Jooss la convocó para integrar su compañía en Alemania. Aceptó y al año siguiente formó parte del Folkwang Ballet Company como asistente de Jooss. Tiempo después se convirtió en solista. Su evolución fue marcada: en 1968 dirigió su primera pieza como coreógrafa: “Fragment”, con música de Béla Bartók y al año siguiente reemplazó a Jooss como directora artística.
En 1972 cambió de aire y asumió como directora del Wuppertal Opera Ballet, que más tarde ella misma transformaría en el Tanztheater, con sede en la Ópera de la ciudad de Wuppertal.
Dirigió su primera obra en 1974: “Fritz”, con música de Wolfgang Hufschmidt. Comenzaba su experiencia de mixturar la danza escénica con la ópera. Sus siguientes obras experimentales fueron “Ifigenia en Táuride” y “Orfeo y Eurídice”.
En 1975 coreografió “La consagración de la primavera”, de Ígor Stravinski. Fue una pieza en la que ella era la bailarina principal con una puesta vibrante, potente, en vínculo directo con tierra húmeda y movimientos frenéticos que transpiraban musicalidad.
Iba tomando forma la danza-teatro.
En esa época conoció al coreógrafo polaco Rolf Borzik, con quien se casaría tiempo después y sería su estrecho colaborador artístico e impulsor de la incorporación de propuestas performáticas que significaban una ruptura con la danza clásica.
En 1976 profundizó la apuesta con la coreografía de “Los siete pecados capitales” que inauguró un nuevo método de ensayo: ella generaba una serie de preguntas a sus bailarines y la pieza se conformaba en base a sus respuestas. Incluyó textos hablados y música clásica popular.
La colaboración artística con Borzik creció y se complejizó. Nacieron obras como “El castillo del duque de Barba Azul, “Ven a bailar conmigo” y “Renate inmigrants”.
En 1978 estrenó “Café Müller”, junto a los coreógrafos Gerhard Bohner, Gigi-Gheorghe Caciuleanu y Hans Pop, quizás su obra más popular. Un café con una ambientación mínima, luz tenue, un escenario lleno de sillas y mesas vacías (algunas encimadas, otras desparramadas en el piso) que dificultan el movimiento, tres mujeres y un hombre descalzos, abrazos y caídas insistentes, la repetición alienante, la ruptura de la fantasía de la cotidianeidad armoniosa, el imperio de la fragmentación. Collage de sensaciones melancólicas, tensas y cercanas.
En 1980 murió su esposo a causa de un cáncer fulminante y surgió la obra “1980” como un homenaje y una despedida a su compañero en la vida y socio en la aventura visual y performática. Ese mismo año creó “Bandoneón”. Un salón de baile con aires de “milonga” donde no se baila tango, paredes con fotografías de fieros boxeadores, bailarinas en el aire apoyadas en hombres que fungen de soporte, tangazos como “Nostalgia” o “La última curda” que sirven de fondo musical para diferentes coreografías que transcurren durante tres horas.
Luego compuso más de 30 obras y performances. Tuvo su centro de operaciones en Wuppertal pero el mundo fue su cancha. De hecho su compañía estaba formada por bailarines de varios países. La cooperación artística y la diversidad cultural fueron piedras angulares en su propuesta estética junto al conocimiento del entramado social e historia de cada lugar visitado.
Su propuesta estuvo emparentada con la danza expresionista alemana y su bagaje de angustia existencial, anomia posbélica y disociación provocada. Su obra se basó en la sucesión de pequeños diálogos en forma de collage, con fuerte y sostenida presencia del cuerpo en movimiento continuo y la exaltación de su relación con el escenario y el vestuario. Un lenguaje corporal propio producto de la mezcla de géneros descubierta en sus años de estudio.
Tuvo predilección por trabajar con las dualidades: amor-muerte, mito y rito, hombre-mujer, individuo-grupo y por bucear en aspectos oscuros de las relaciones humanas como la violencia contra la mujer, la desmemoria, la soledad, el uso del poder. Rompió con la tradición de la danza clásica desde el guion. Mixturó músicas distantes: canciones chinas, ritmos gitanos, free-jazz, Cesaria Évora, Vangelis, canciones de moda circunstancial. Utilizó pisos de tierra húmeda o césped, cascadas de agua, sumó bicicletas o sillas en el escenario. Trabajó temas universales desde escenas cotidianas. Transportó el gesto mundano al nivel de coreografía.
En el verano de 2009 su eterno acompañante, el cigarrillo, le acercó un enemigo implacable, el cáncer de pulmón, que paralizó su insaciable necesidad de movimiento infinito.
Salú Pina Bausch! Por tu energía, tu audacia estética, tu danza global y primitiva. Me quedo con un recuerdo: al salir de ver Pina, de Wim Wenders, me sentí más sanguíneo y muy conmovido y no pude frenar un baile improvisado en la vereda que te hubiera hecho sonrojar…
Ruben Ruiz
Secretario General



























